La semana infame también tuvo su capítulo internacional. Lo encabezó la señora presidente, desde la China, al comparar la posición de la jerarquía eclesiástica argentina ante el matrimonio homosexual con la Inquisición y al afirmar que “…tenemos similitudes y orígenes comunes entre el peronismo y el maoísmo” desafiando cualquier análisis histórico y racional. En esa visita calificada insólitamente de exitosa, no se logró destrabar la suspensión de la compra de aceite de soja dispuesta por el gobierno Chino como medida de sanción en reciprocidad por las trabas comerciales a sus productos y aunque cueste creerlo, se anunció que nos hemos comprometido a comprar material ferroviario chino por 9.500 millones de dólares. Es decir que gastamos el dinero de nuestros contribuyentes en mandar una misión a la China para contraer una fabulosa deuda por la compra sin licitación de productos industriales que podrían ser construidos en el país o adquiridos con transparentes y ventajosas licitaciones. Contra toda lógica comercial fuimos a abrir nuestro mercado y pagamos nosotros el viaje, comprando al país rico con la plata del país pobre. Síntesis de lo actuado: seguimos sin vender aceite de soja, insultamos al clero, cambiamos la historia del peronismo y nos comprometimos a contraer una deuda descomunal. Por favor, quedémonos en casa.
El cierre del capítulo internacional nos encuentra con que la Cuba cuya reincorporación a la OEA fue defendida firmemente por nuestro gobierno, ha comenzado a liberar decenas de presos políticos que negaba tener, por presión de la Unión Europea y que el aliado Chavez es denunciado ante la misma OEA por albergar líderes y guerrilleros de la banda terrorista colombiana de las FARC. Por un mínimo principio de coherencia con nuestra pretendida posición internacional en defensa de los derechos humanos y la democracia, deberíamos condenar con firmeza la existencia de presos políticos y las actitudes del señor Chavez. Este presidente, por caso, acaba de detener a un nuevo opositor que lo combatía con las ideas, la pluma y la palabra. Se trata de Alejandro Peña Esclusa, presidente de la organización internacional UNO AMERICA, que se opone a la acción del Foro de San Pablo, defiende la libertad y la democracia y critica con dureza a Hugo Chavez. Se lo acusa de tener en su departamento familiar, que compartía con su esposa e hijas, explosivos para actos terroristas que fueron encontrados en un allanamiento sin posibilidad de control por testigos imparciales ni abogados de parte. Este hecho nos preocupa especialmente porque las acciones de Chavez han precedido en muchos casos a las de nuestro gobierno. Allá se comenzó acusando a la iglesia, persiguiendo a los medios periodísticos independientes, montando causas a los opositores (como le sucedió aquí a Olivera, de Narvaez y ahora Macri) y finalmente se llegó a la etapa de las acusaciones de conspiración y terrorismo como le sucede al señor Peña Esclusa. A partir de ahora recomiendo revisar el ropero de los niños para que no aparezcan allí insólitas dosis de explosivos como generaron los imaginativos servicios secretos venezolanos.
Al despedirme no puedo más que recordar los versos del poeta Almafuerte cuando recitaba: “Si diez veces te postran te levantas, otras diez otras cien otras quinientas, no han de ser tus caídas tan violentas, ni tampoco por ley han de ser tantas”. Espero que el poeta tenga razón, nosotros hagamos nuestra parte sin aflojar ante el autoritarismo, la presión y la amenaza, para que no hayan más semanas infames y, si las hay, que no nos sorprendan silenciosos.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
