POR EL PADRE Y POR LA MADRE
Queridos amigos:
Cuenta la leyenda que en el imaginario reino de la “exageración extrema”, las meretrices se presentaron ante jueces y legisladores exigiendo que se respetase su profesión, se suprimiese toda mención a la prostitución y se las reconociese como trabajadoras sociales. Como su pedido fue acogido y atendido con presteza, diversos grupos sociales hicieron similares demandas logrando que se suprimiesen o agregasen cada uno de sus pedidos hasta que finalmente se presentaron los homosexuales exigiendo que se suprimiesen las denominaciones de padre y madre porque sentían que se discriminaba a sus uniones. Sin embargo esta demanda no fue atendida porque jueces y legisladores hicieron notar que estaban en el reino de la “exageración extrema” pero no en el reino de la “insensatez”. Sin padres y madres, dijeron, no habrá especie, ni jueces, ni legisladores, ni códigos, ni leyes, así que las cosas quedaron como estaban.
Pero la Argentina hace mucho que cruzó los límites de la insensatez y sus diputados votaron con una extraordinaria ligereza la aprobación del matrimonio homosexual con modificación del Código Civil incluida, posibilidad de adopción y supresión de las menciones a padre y madre. Afortunadamente, el debate que se estableció en la Cámara de Senadores y que se extendió por diversos puntos de la geografía del país fue muy esclarecedor. En primer término porque permitió conocer los diversos puntos de vista sobre el tema y sus fundamentos y luego porque permitió comprobar la oposición, frontal y generalizada, que despiertan en el interior del país proyectos como el del matrimonio homosexual que afectan el concepto básico de familia. Es evidente que esos temas no están en lo que se denomina “la agenda social” que responde a las inquietudes ciudadanas y solo llegan a la agenda pública o legislativa a través de una forzada instalación mediática.
El gobierno, que se ya se había visto muy beneficiado por el desvío de la atención pública que provoca esta discusión, ajena a los problemas ciudadanos centrados en la inflación, la inseguridad y la corrupción, decidió hacer una bandera propia del proyecto de matrimonio homosexual y ordenó a sus senadores que se lo apruebe a libro cerrado, con todos sus errores de fondo y de forma, según es su estilo. Como tiene oposición a tamaño disparate en sus propias filas, eligió como enemigo propiciatorio a la iglesia católica y volvió a configurar su escenario favorito, generando un conflicto innecesario y actuando con desprecio a todas las reglas de transparencia llegando al extremo de invitar a un viaje presidencial a la China a dos senadoras oficialistas dispuestas a votar en contra del matrimonio homosexual. Resumiendo, que lo que era un conflicto social inflado mediáticamente, hoy es una batalla de vida o muerte para poder humillar a un supuesto enemigo, en este caso la iglesia y demostrar hasta dónde llega la omnipresencia del poder. Es posible que una vez más, como sucedió cuando el gobierno decidió poner de rodillas al campo, las fuerzas vivas de la verdadera argentinidad le propinen una nueva derrota a quienes no trepidan en dañar hasta la base social que es la familia en pos de sus oscuros intereses ahora disfrazados de “respeto a las minorías”.
En medio de la pirotecnia, el verdadero fuego que consume sueldos y sueños es la inflación, que licua los aumentos salariales y que hace una cuestión de supervivencia la asignación del 82 por ciento a los sueldos básicos de los jubilados. No solo se trata de hacer justicia sino, esencialmente, de cubrir necesidades básicas insatisfechas de un sector que reclama lo que le pertenece y que la ANSES utiliza para lo que quiere.
Cerramos este informe con una mención al vano intento de tapar las denuncias que señalan la acción de funcionarios no pertenecientes a la Cancillería en Venezuela con la fundada sospecha que se estén ocultando casos de flagrante corrupción. La buena noticia es que cada vez hay más ciudadanos que vencen el miedo y denuncian, opinan y manifiestan, lo que abre la esperanza de que los tiempos de impunidad y autoritarismo lleguen a su fin. Por eso, esperamos ser más los que manifestemos el martes frente al Congreso nuestra oposición al matrimonio homosexual que los que se encierren en su casa por el temor a las patotas del apriete y del escrache.
Un abrazo para todos y no dejen de hacer oír su voz a los que quieren robarse nuestro futuro.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.
