Querido amigos:
La Argentina perdió cuatro a cero con Alemania y quedó eliminada de la Copa Mundial de Fútbol, lo que nos produjo una gran tristeza colectiva. El dato positivo es que nuestros jugadores se desempeñaron con suma corrección, sin golpear al adversario que fue superior, sin protestar fallos y aceptando la derrota con hidalguía. Algunos compatriotas sintieron que la soberbia y la agresividad que destilaba Diego Maradona, el director técnico de la selección, merecían ser castigadas con el fracaso. Otros se sintieron aliviados pues temían que la señora Presidente y su esposo aprovecharan una eventual victoria en la Copa del mundo en beneficio de su insostenible proyecto político como groseramente hicieron con los festejos del Bicentenario.
Personalmente me anoto entre los sufrientes porque vivo y amo en este querido país y deseo por encima de todo el éxito individual y colectivo de sus representantes en todos los ámbitos. Por otra parte, ningún tripulante de un barco puede desear que la nave en que navega con su familia y sus amigos se hunda para perjudicar a su pésimo comandante y siento que la Argentina es la nave por la que navegamos por un mundo complejo y competitivo. Por eso critico a los que rechazan la heroica gesta de Malvinas porque la llevaron a cabo “los militares” o menoscaban la obra literaria de Borges porque no fue un crítico social de su época.
Hecha esta introducción no puedo dejar de mencionar que Diego Maradona, que ocupó el puesto de director técnico teniendo sólo antecedentes como futbolista, es el único director técnico del país al que se le permite dirigir sin haber hecho el curso respectivo. Para algunos puede parecer una cuestión menor pero si averiguan de qué se trata dicho curso se enterarán que dura dos años, con una carga horaria similar a una maestría (se asiste lunes, miércoles y viernes de 19.30 a 23.30 horas, de marzo a diciembre) y que se cursan materias tales como Táctica y Estrategia nivel I y II, Administración y Conducción de equipos, Biología y Psicología I y II entre otras materias. Ese estudio permite a un futbolista pasar de su nivel de jugador al de director técnico y como en todos los órdenes de la vida la idoneidad necesita del esfuerzo de prepararse y formarse adecuadamente para aquello que se aspira a ser. Quizás si Maradona hubiera hecho el curso, no hubiera sido necesario que sufriera y nos hiciera sufrir tamaña derrota para aprender, según sus propias palabras, que hoy en día para ganar un partido no basta con que dos o tres jugadores se “carguen el equipo al hombro” sino que se necesita verdaderamente jugar en equipo. Por favor, que tome nota la sociedad toda.
En este sentido el deporte no es una excepción a la regla que impone tener un plan, trabajar en equipo y poseer idoneidad para conducir una actividad. Lo mismo es exigible para todos los cargos de la administración pública empezando por la presidencia de la nación, por lo que resulta doloroso observar como se ocupan los más relevantes puestos con el único argumento de ser gente de confianza y cumplidor incondicional de las órdenes presidenciales aunque la capacitación profesional para el cargo brille por su ausencia. Esto sucede en la mayoría de los ministerios comenzando por la castigada Cancillería y alcanza hasta a organismos técnicos como el INDEC.
Respecto a este último, el informe de la Universidad de Buenos Aires convocada por el mismo gobierno para evaluar la situación del instituto asegura que la comunidad de académicos e investigadores ya no puede usar sus datos por falta de credibilidad de las cifras oficiales. El informe habla de inconsistencias y divergencias al referirse al Indice de Precios al Consumidor. Se mencionan también las irregularidades en la contratación de más de 500 personas sin ningún concurso y otras irregularidades, con un lenguaje muy moderado debido a las presiones recibidas pero sin ocultar la terrible verdad de que nos mienten hasta en las estadísticas y que estamos en manos de improvisados.
La Argentina está enferma de improvisación e imprevisión a las que se confunde con creatividad. Enferma de espíritu transgresor al que se lo confunde con libertad e independencia. Enferma de permisividad a la que se quiere hacer pasar por tolerancia. Enferma de abolicionismo jurídico al que se quiere disimular como defensa de derechos humanos. Pero toda esta liviandad con que se perdona todo a los amigos del oficialismo se transforma en la más severa e implacable dureza cuando se trata de juzgar a los oponentes sean ellos políticos, militares o los que hasta ayer convenía apoyar mientras cortaban puentes y hoy conviene denunciar porque cambió el viento de la necesidad política.
Hoy ya nadie desconoce cuales son las reglas de juego que impone el gobierno y por eso, al fin, los grupos de oposición que tienen representación parlamentaria han comenzado a plantear en el Congreso temas tan ineludibles como exigir que se les pague a los jubilados lo que corresponde por Ley y ha sido fallado por la Corte Suprema en vez de utilizar sus dineros para financiar las aerolíneas estatales o un nuevo modelo de auto de la empresa General Motors. Se acaba el tiempo de poder disponer a discreción de retenciones y cambiar el destino de partidas presupuestarias y con eso se acota un poder que no tiene sustento moral ni político sino únicamente la fuerza del apriete económico y el garrote judicial. También se aproxima la hora en que la corrupción generalizada y estructural que subyace detrás de las relaciones con Venezuela y detrás de cada obra pública realizada sin mecanismos de control adecuados deberá enfrentarse a una justicia sin temores en la medida en que se logre modificar la actual conformación del Consejo de la Magistratura.
En la Argentina hay muchísimo por cambiar y parece que va sonando la hora de hacerlo. La consigna es trabajar en equipo, consensuar planes estratégicos y convocar a profesionales idóneos; así en el fútbol como en la vida.Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
