INFORME DEL 31 DE ENERO
Domingo, 31 de Enero de 2010 21:57
Juan Carlos Neves
EL GOBIERNO DE LOS PEORES Queridos amigos: La remoción del presidente del Banco Central se constituyó en una lección que la sociedad debe apreciar sin poner el énfasis en las virtudes o defectos de la persona que la brindó ni aún en sus méritos o deméritos profesionales. El meollo de la cuestión es que un funcionario debe ser fiel y leal, en primer término, a los principios legales que sustentan su cargo ya que como funcionario público debe cumplir con sus deberes para con el Estado antes de servir a persona alguna. Si sus lealtades entran en conflicto es culpa de quien le pide algo ilegal o indebido. El presidente del Banco Central (su nombre propio es lo de menos) enfrentó esa situación, obró en consecuencia y puso en cuestión toda la estructura de poder del gobierno basada en el apriete y el avasallamiento. Se opuso y se opuso bien. Usó todos los resortes legales, acudió a la justicia y encontró algo que no debería ser sorprendente pero que no siempre se consigue: un juez imparcial. Una jueza, para ser más preciso, quien no tuvo un designio anticipado a favor o en contra de persona alguna, lo que hubiera dado como resultado la falta de neutralidad o insegura rectitud en el modo de juzgar o proceder, según reza la definición de imparcialidad. La combinación de un funcionario dispuesto a hacer respetar la Ley y una justicia imparcial constituyen una combinación insuperable y sobretodo un ejemplo en el que deben mirarse buena parte de los dirigentes argentinos. El presidente del Banco Central perdió su puesto pero se impuso en toda la línea en su enfrentamiento con el Gobierno y dejó marcado un camino. Quienes tienen la responsabilidad, desde el Congreso, de aconsejar si debe o no ser removido, deben claramente definirse por su continuidad, sin escudarse en acciones pasadas que no son las que están siendo evaluadas y sin eludir su responsabilidad histórica. De este modo este episodio cerrará con toda la dignidad que conlleva y quedará totalmente al desnudo el autoritarismo gubernamental y el espíritu revanchista que lo caracteriza. ¿Lo harán? No es fácil, pero siempre queda la esperanza de que cada funcionario esté a la altura de las circunstancias y que de ese modo la Argentina empiece a cambiar. Otro asunto destacable sucedió esta semana, medido en términos de temas novedosos que marcan la posibilidad de un cambio. El ex presidente Eduardo Duhalde expresó públicamente su opinión de que las Fuerzas Armadas participen de diversas maneras para ayudar a enfrentar los serios problemas de seguridad y la problemática de los muchos jóvenes que no estudian, no trabajan y no tienen una formación básica. Desde el punto de vista técnico el empleo de las Fueras Armadas en la lucha contra la delincuencia o la creación de un servicio cívico militar son temas dignos de ardua discusión. Al respecto agrego al presente informe, para quien sea de interés, el ensayo “Seguridad y Defensa. Límites y Confluencia” que presenté en un panel en la Escuela de Defensa Nacional en el marco del V Encuentro Nacional de Estudios Estratégicos en el año 2002. Es notable que a pesar del interés que presentó esta problemática entre los profesionales presentes y quienes leyeron este trabajo en la web, nada se ha avanzado ni debatido al respecto. De ahí la importancia, desde el punto de vista político y simbólico, de que este tema sea planteado por un ex presidente y precandidato para el 2011 porque podría representar el fin de los prejuicios y el estado de sospecha que sufren instituciones básicas de la nación como son las Fuerzas Armadas y el inicio de un verdadero proyecto nacional que incluya a todos los sectores de la sociedad argentina, para cuando el actual proceso de deterioro, autoritarismo y decadencia llegue a su fin con las elecciones del 2011. Y no hablamos solamente de las increíbles estadísticas del INDEC, el uso indebido de los fondos del ANSES y del PAMI por parte del Estado, el intento de uso de las reservas por Decreto de Necesidad y Urgencia o las agresiones verbales y los aprietes a funcionarios públicos, jueces y al mismísimo Vicepresidente. Hablamos también de la sensación de vergüenza que despierta nuestra presidente al pasar de la agresión al ridículo y manifestarse en público acerca de la potencia sexual que deriva de la ingesta de cerdos y de sus placeres de fin de semana. O del Jefe de Gabinete tratando de mamarrachos, vagos y estúpidos a cuanto funcionario o político se opone al gobierno. Han perdido hasta las mínimas formas de convivencia y respeto y ese pésimo ejemplo se trasmite e influye en el comportamiento de toda la sociedad, polarizando la vida política al hacer un enemigo de cada medio de comunicación, político, funcionario o ciudadano que piensa distinto de la voz oficial. Estamos sin duda en la hora de agruparnos con todos los que aspiran a un proyecto nacional que nos devuelva, primero a la normalidad y luego a la liberación de las energías creadoras y productivas que nos saquen de la decadencia y la frustración a las que nos somete el estar gobernados por los peores. Quizás la definición política que falta en el diccionario sea justamente esa: “kirchnerismo: gobierno de los peores”. Un abrazo para todos. Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
INFORME DEL 24 DE ENERO
Domingo, 24 de Enero de 2010 19:04
Juan Carlos Neves
DE TERREMOTOS Y RECONSTRUCCION Queridos amigos: La república de Haiti fue devastada por un terremoto de tal magnitud que será necesaria una gran tarea de reconstrucción para volver a poner el país en funcionamiento. Habrá que reconstruir la infraestructura, el sistema educativo y el sistema de salud. Recuperar la seguridad física en las calles, poner a funcionar la justicia y devolver el imperio a las instituciones constitucionales. Argentina no ha sufrido ningún terremoto geológico de esa magnitud pero está siendo devastada por un terremoto político que se incrementa día a día y que también planteará un descomunal esfuerzo reconstructor a la hora de recuperar la infraestructura, el sistema educativo, el sistema de salud y la justicia; retornar la seguridad física y jurídica y volver a poner en funcionamiento las instituciones que son agredidas con descalificaciones a los funcionarios y negación de sus atributos por el propio gobierno. Eso sin contar el esfuerzo para devolver la racionalidad a nuestras relaciones exteriores, incluyendo el retorno de la normalidad con países tan afines como Uruguay, Italia y España con los que nos hemos absurdamente distanciado y un comportamiento sensato con potencias como China o los Estados Unidos. Lo inconcebible de nuestros problemas es que todos tienen como origen la incompetencia, la soberbia y la agresividad de nuestro propio gobierno que es quien genera los problemas, los magnifica y luego los esgrime como una amenaza para justificar acciones aún más agresivas y autoritarias. Tomemos el caso del Vicepresidente. Cristina Fernández eligió a Cobos como compañero de fórmula. Nadie la obligó ni le fue impuesto. Ni siquiera surgió de una elección interna. Lo eligió “a dedo” sabiendo que era radical e ideológicamente ajeno a ella, porque especuló con que con los votos que aportarían los radicales disidentes que respondían a Cobos le evitaría la segunda vuelta electoral, tal cual sucedió. Cumplido su objetivo pretendió reducir a su Vicepresidente de figura política aliada con quien compartiría el poder de decisión en un mero instrumento, en un subordinado, tal como lo hiciera Néstor Kirchner con el Vicepresidente Scioli en su período presidencial. Pero Cobos no se lo permitió. Por conciencia o conveniencia actuó en forma independiente y votó en contra de una decisión inconsulta y desmesurada como fue la Resolución 125. Por ello fue declarado enemigo, aislado y prácticamente empujado a la oposición a la que se sumó con gusto. En todo caso fue un problema interno del Frente para la Victoria que no tiene porqué ser transferido a los argentinos y a sus instituciones. ¿Con qué derecho Cristina Fernández nos hace copartícipes del error en la elección de su compañero de fórmula? ¿Por qué lleva este tema a la agenda pública y lo ventila ante los medios, la opinión pública nacional y la internacional sumiéndonos en la vergüenza? ¿Como se permite afectar las relaciones exteriores del país suspendiendo una visita presidencial a una potencia extranjera por sus disputas palaciegas? La nación argentina y su imagen no tienen porqué sufrir los errores políticos de su presidenta. El caso de las reservas es aún más grave en sus consecuencias. A poco del cierre del Congreso, pretende utilizar las reservas del Banco Central para pagar deuda a acreedores privados por medio de un instrumento denominado Decreto de Necesidad y Urgencia reservado para casos específicos que no se corresponden con el tema ni la ocasión. Ignora los llamados de la oposición a llevar el tema al Congreso, genera un embargo en Estados Unidos y termina con el papelón de que deba ser la justicia quien ponga en evidencia la inviabiliadad de la burda maniobra tal cual acaba de suceder a través de un ejemplar fallo. Como corolario inicia una nueva confrontación, ahora para echar al presidente del Banco Central, funcionario éste al que acusan de no cumplir con los deberes de funcionario público cuando en realidad el fallo de la justicia demuestra que fue el único funcionario que realmente intentó cumplir con tales deberes al oponerse al uso indebido de las reservas. El caso Redrado servirá también para verificar el grado de adhesión a los principios, de los líderes de la oposición ya que parece que algunos no pueden distinguir entre la defensa del derecho y la antipatía hacia las personas y que estarían dispuestos a permitir la defenestración del Presidente del Banco Central ahora que ya se inmoló políticamente. No es ocioso recordar que la semana pasada escribí: “se teme que un día el señor Redrado llegue al Banco Central y un par de policías le impidan acceder a su despacho, acción gravísima pero que no escaparía a la lógica brutal que se emplea desde el poder y que ya tuvo su demostración con el acoso a la jueza Sarmiento”. Este acierto no hace sino probar que lo que decimos del gobierno no es una mera crítica de opositores sino la descripción de un comportamiento recurrente que comienza con un acto ilegítimo y luego suma y escala nuevas arbitrariedades y aún actos de fuerza para sostenerlo, sin reconocer el error ni pretender enmendarlo. “Los Kirchner” y Aníbal Fernández hacen sencilla la prognosis. Mientras la mitad de los titulares de los medios se distraen en estos dislates institucionales, tan artificiales como innecesarios, la inflación real asusta a la hora de la verdad ante la caja del supermercado o el contador del surtidor de combustible, los robos con violencia o sin ella desafían a las estadísticas del Gobernador Scioli y su Ministro de Seguridad y nuestras pésimas rutas se cobran víctimas diarias por decenas. Como única nota de esperanza registro cada día más ciudadanos que se acercan con el planteo de la necesidad de pensar en un futuro gobierno con planes y proyectos, espíritu de consenso, rechazo al revanchismo y voluntad para reconstruir una Argentina que el terremoto kirchnerista sigue devastando mientras sueñan con los límites que la justicia y el Congreso comienzan a poner a los temblores. Un abrazo para todos. Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.
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SEGURIDAD Y DEFENSA:LIMITES Y CONFLUENCIA
Domingo, 31 de Enero de 2010 21:50
Juan Carlos Neves
SEGURIDAD Y DEFENSA: LIMITES Y CONFLUENCIA Introducción La legislación promulgada desde 1983 a la fecha en materia de Seguridad y Defensa ha hecho especial hincapié en diferenciar en forma taxativa estas responsabilidades del Estado Nacional y de fijar quienes las ejecutan (Ley 23.554/88 de Defensa Nacional y Ley 24.059/92 de Seguridad Interior). En esencia, las definiciones enunciadas en estas Leyes afirman que la Defensa responde a la necesidad de enfrentar agresiones de origen externo que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas y que la Seguridad, a la que se la especifica como “seguridad interior”, apunta a resguardar los derechos de los habitantes, en el ámbito espacial de la República Argentina, implicando el empleo de las fuerzas policiales y de seguridad. Esta división funcional sólo acepta como excepción el empleo de las Fuerzas Armadas en el restablecimiento de la seguridad interior cuando, a criterio del Presidente de la Nación, el sistema de seguridad interior resulte insuficiente para el cumplimiento de sus objetivos (Art. 31, Ley 24.059/91). Una división funcional de la naturaleza de la expuesta, basada en el origen de la agresión, despierta en los conflictivos escenarios actuales, tanto nacionales como internacionales, algunas reservas teóricas y prácticas. Por un lado, situaciones como las creadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia constituyen agresiones capaces de afectar la integridad y la soberanía de una nación, a pesar de provenir del ámbito interno. Similar problema es generado por organizaciones de narcoproductores que explotan verdaderas “zonas liberadas” dentro de un país, movimientos organizados de grupos marginales que plantean reivindicaciones diversas a través de acciones de fuerza, movimientos autonomistas o secesionistas que emplean el terrorismo como método, etc. Por otra parte se cuestiona desde un punto de vista práctico que Estados que poseen escasa capacidad de movilización por restricciones presupuestarias y limitaciones de recursos humanos y materiales, limiten su propia libertad de acción para emplear todos los elementos a su alcance para cumplir con sus responsabilidades. La presente ponencia se basa en analizar un modelo que respetando el espíritu de las Leyes vigentes, establezca parámetros más flexibles para el empleo de los medios con que cuenta el Estado para solucionar los conflictos que afectan su
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INFORME DEL 17 DE ENERO
Domingo, 17 de Enero de 2010 23:10
Juan Carlos Neves
Queridos amigos: Cuando un buen comandante debe llevar su buque por aguas riesgosas como un canal, o zonas con bancos o rocas, procura siempre el asesoramiento de navegantes que además de su saber profesional tengan el valor de corregirlo cuando se equivoca o de advertirle que su maniobra es inconveniente. He visto en mi vida profesional cómo ese tipo de actitudes ha evitado graves accidentes o colisiones. Sin embargo, contra toda razonabilidad, hay quienes prefieren rodearse de individuos con personalidades obsecuentes y cobardes. Los primeros, no se preocupan por las consecuencias de los actos sino por halagar al líder para verlo satisfecho. Los segundos, aunque adviertan el peligro, no tienen el valor de expresar sus opiniones y se desentienden de las consecuencias con tal de no contradecir al que manda. Estas personas acompañan al líder a la hora del acierto pero jamás evitarán que se hunda en el error. Cristina Fernández y Néstor Kirchner encarnan a los líderes que valoran más la obediencia ciega que la advertencia salvadora y han comenzado a sufrir las consecuencias. Es paradójico que los dos funcionarios que han evitado o tratado de evitar los errores más groseros de la administración de la señora presidente hayan sido estigmatizados como sus peores enemigos. Cuando el vicepresidente Cobos evitó con su voto que se aprobara la Resolución 125, terminó con una protesta campesina que tenía a los productores al borde del estallido, a los costados de las rutas y en las plazas y ciudades, con imprevisibles consecuencias. Ese voto en el Congreso permitió aliviar aquel gravísimo e innecesario conflicto sin que fuera el Ejecutivo quien tuviera que dar marcha atrás en su planteo. Si se hubiera aceptado la actitud del vicepresidente como un acto de conciencia todo hubiera terminado bien. Pero al señalarlo como enemigo y caratularlo de traidor, Cobos no sólo fue empujado a la oposición sino que se magnificó su figura y se lo transformó en un oponente poderoso. En la actual crisis el presidente del Banco Central trató inútilmente de trasmitir los riesgos que aparejaría a la Argentina el uso por decreto de las Reservas para el pago de deuda corriente. Su actitud lo convirtió de un día para otro de fiel funcionario en enemigo acérrimo y en el afán por destruirlo a cualquier costo, el gobierno se enredó en una contienda fenomenal con la Justicia y el Congreso, generó un embargo internacional y comprometió todo el proceso de pago a los deudores, poniendo en riesgo el fundamento de la política económica. Curiosa manera de agradecer a los funcionarios que con toda lealtad pretenden evitar al gobierno y sobretodo al país a quien se deben, las consecuencias de una pésima decisión. El gobierno se ha autocondenado a quedar rodeado de quienes sólo saben aplaudir y obedecer y nadie impedirá que se siga equivocando para mal de todos. Además de esta lamentable consecuencia la crisis en curso ya ha dañado a la economía, ha hecho perder toda credibilidad a la argumentación del gobierno tanto hacia adentro como hacia afuera del país, ha hecho evidente que el gobierno tiene problemas financieros y ha mostrado los límites que le imponen a su voluntad, que pretende ser omnímoda, la paridad de fuerzas en el Congreso y los fallos independientes de algunos jueces. Esto ratifica nuestro pronóstico de que el año del bicentenario será de permanente fricción y conflicto entre un gobierno que comienza a perder poder y una sociedad que ya no se resigna a ser burlada, engañada e ignorada. Para evitar la adivinación decimos que la salida de esta etapa, de un conflicto que será permanente, surgirá de escenarios con distinta probabilidad de ocurrencia. Una salida sería que la Justicia avalara las posiciones del gobierno y permitiera la expulsión de Redrado y el uso de las reservas. Este escenario es poco probable porque conllevaría cargar en la justicia la responsabilidad de las posteriores consecuencias internacionales en términos de embargos y pérdida de credibilidad al hacer evidente la dependencia del Banco Central del gobierno. Más probable es que se mantenga el “status quo” hasta marzo en que el Congreso tratará los temas de fondo en sus sesiones ordinarias. El llamado a sesiones extraordinarias sería la más apropiada de las opciones, pero el gobierno sólo las convocará si tiene acordada una resolución favorable a sus deseos. Hay vocación en parte de la oposición a apoyar esta salida ante el temor de que el gobierno, sintiéndose acosado, haga movimientos que afecten a la institucionalidad. Queda la posibilidad de la “wild card”, expresión americana que significa literalmente la “carta salvaje” y que se usa para designar una acción sorprendente o inesperada. Por ejemplo se teme que un día el señor Redrado llegue al Banco Central y un par de policías le impidan acceder a su despacho, acción gravísima pero que no escaparía a la lógica brutal que se emplea desde el poder y que ya tuvo su demostración con el acoso a la jueza Sarmiento. Como ven, los escenarios son múltiples y todos ellos conllevan un fuerte desgaste para el gobierno. Sin embargo, hemos observado con preocupación que un sector de la oposición habla de negociar la salida del presidente del Banco Central de quien se sienten ideológicamente distantes. Lo que deben comprender los legisladores es que lo que está en juego no es la defensa de la persona de Redrado sino de la investidura de su cargo y de la legalidad. La continuidad de Redrado hasta el mes de septiembre no representa un agravio a la figura presidencial sino un tributo al imperio de la ley que tanta falta le hace a la cultura política y social de la Argentina. Si en esta ocasión los principios se imponen a las conveniencias circunstanciales quizás esta crisis y esta confusión puedan dejar al menos un aspecto positivo. Un abrazo para todos. Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
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