COMUNICADO DE NUEVA UNION CIUDADANA
Miércoles, 28 de Abril de 2010 19:49
Juan Carlos Neves
OPOSICION A LA LEY DE MATRIMONIO HOMOSEXUAL La Junta Provincial de Gobierno de Nueva Unión Ciudadana en la Provincia de Buenos Aires expresa su opinión de que el matrimonio debe mantener su naturaleza, conforme lo expresa el Código Civil, en lo que respecta a consagrar la unión entre un hombre y una mujer. El interés del Estado en dar un marco normativo a esa unión entre un hombre y una mujer tiende a proteger jurídicamente a su descendencia. La unión entre personas del mismo sexo es una cuestión particular respecto de la cual la participación y regulación del Estado debe ser ajena.Finalmente la pretensión de que una pareja del mismo sexo, que por la naturaleza de su relación ha excluido voluntariamente la opción de procrear, aspire a tener la posibilidad de adopción resulta totalmente inaceptable ya que ignora el derecho del niño a criarse en el seno de una familia formada por padre y madre según los dictados de la naturaleza.Por lo expuesto expresamos nuestra oposición a la promulgación de cualquier Ley que equipare o denomine a las uniones de personas del mismo sexo con la figura del matrimonio o que habilite a dichas uniones para acceder a la adopción. Buenos Aires, 23 de Abril de 2010Juan Carlos Neves, Presidente de la Junta Provincial de Gobierno de Nueva Unión Ciudadana
INFORME DEL 18 DE ABRIL DE 2010
Domingo, 18 de Abril de 2010 18:33
Juan Carlos Neves
DE HEROES Y VILLANOS Queridos amigos: El Senado de la nación ha sumado a sus tareas específicas un nuevo e inesperado rol: convertirse en una usina de héroes y villanos que son señalados y luego encumbrados o vilipendiados por los medios de comunicación y los sectores políticos, según sus propias posturas ideológicas. Así el vicepresidente Julio Cobos es para muchos el heroico defensor de los derechos del campo ante el atropello que significaba la Resolución 125 y la Senadora Bortolozzi la heroína que puso en juego su futuro político y su seguridad personal para permitir que el Senado volviera a funcionar. Enfrente de ellos, el Senador Carlos Menem es el villano que brinda su apoyo al gobierno a cambio de impunidad judicial y la Senadora Roxana Latorre es la legisladora que afectó la voluntad presidencial de Carlos Reuteman con su reiterado apoyo a las posiciones oficialistas. Para el oficialismo estos roles se intercambian y el vicepresidente pasa a ser el más atacado y repudiado opositor, ya que los héroes de uno de los campos en pugna son vistos como los traidores del oponente y viceversa. A fuer de ser objetivos debemos reconocer que es natural que en el senado haya una ineludible confrontación de lealtades. Esto es así porque los integrantes de esta Cámara son elegidos a razón de tres por cada provincia pero son postulados por intermedio de los partidos políticos. Cuando los intereses de la provincia de la que es oriundo el senador colisionan con los del partido que lo postuló, situación frecuente si ese partido ocupa el poder ejecutivo, la lealtad partidaria y la provincial entran en conflicto. Sería ideal que los senadores fueran ciudadanos notables de cada provincia que no tuvieran lazos partidarios y que pudieran atender exclusivamente el interés de su lugar de origen. Pero actualmente no es así y en los casos vinculados al reparto de impuestos entre el ejecutivo y las provincias o entre el ejecutivo y sectores productivos provinciales como el agricologanadero la pregunta acerca de a quién se debe lealtad primaria permanece vigente. En nuestra opinión, la lealtad del legislador es prioritaria para con aquellos que lo votaron, a los que está atado por el contrato que representa el programa o plataforma presentada a los electores. Este tema lo hemos tratado en detalle en un ensayo titulado “La Logopolítica” y constituye un tema muy vigente en este momento. La visión que postulamos enfatiza la importancia de que las elecciones sean el ámbito de discusión de proyectos y programas diferenciables que permitan al elector ejercer una verdadera opción. Luego el legislador deberá ser fiel a ese proyecto y si su partido se aparta de él tendrá la libertad y la obligación de votar según su compromiso primario con el elector. En el momento actual, la realidad muestra que el poder ejecutivo emplea todo tipo de artimañas, argucias, presiones y descalificaciones para impedir que los legisladores puedan traducir en leyes los programas que la ciudadanía apoyó mayoritariamente en las elecciones de junio del 2008 y por ello su actitud afecta seriamente el funcionamiento institucional y en modo alguno puede reclamar lealtad para esa política obstruccionista y antidemocrática. La persistencia de esa actitud, a la que se suman los intentos de neutralizar a los organismos de control sean ellos los que dependen del Congreso, las organizaciones no gubernamentales a las que se priva de información o los medios de comunicación a los que se agrede desde la mismísima cabeza del ejecutivo, es la principal causa de la pérdida de consenso y legitimidad del oficialismo. Debemos sumar a esto la mentira sistemática al describir la realidad nacional que en el caso del avance de la inflación, ya fuera de los cauces de control pero negada por lo índices oficiales, es un verdadero azote a los sectores de menores ingresos que torna fugaces las “recomposiciones salariales” y los planes de ayuda. Seguimos sin anotar un solo proyecto gubernamental que apunte al drama de la inseguridad mientras contemplamos azorados que la mayor acción pública del Ministro de Justicia está dedicada al ataque al vicepresidente o a la oposición cuando se opone a las políticas oficiales. Al país que describe el gobierno no se lo puede calificar de virtual sino más bien de fantasioso. Un reino de la fantasía en que las cosas están cada día mejor y cabe ocuparse de temas que la mayor parte de la población no computa en sus prioridades. Qué otra cosa se puede decir del proyecto de ley y la polémica armada alrededor del tema del matrimonio homosexual que ya involucró a jueces, a la única gobernadora y al único Jefe de Gobierno del país. Recordamos que en su momento el Presidente de la bancada del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi, mencionó este tema en primer lugar cuando se le preguntaron acerca de los proyectos del oficialismo para este año. Más allá de nuestra opinión, que es la de preservar la institución el matrimonio para la unión de un hombre y una mujer, conforme sostiene sabiamente nuestro Código Civil y de nuestra frontal oposición a que una pareja homosexual pueda adoptar un niño, consideramos que sólo el intento de una maniobra distractiva y divisionista puede hacer que un Congreso semiparalizado por la acción del oficialismo, en un país amenazado por gravísimos problemas, se aboque a una discusión de la naturaleza que se propone. Tener al pueblo discutiendo acerca de los derechos de los homosexuales o de las violaciones a los derechos humanos sucedidas hace treinta años es una buena forma de que la gente se olvide de hablar de la pobreza, la inseguridad, la inflación o los abusos del oficialismo de hoy. Pero los ciudadanos no son tan manipulables y cada día, en la tribuna cotidiana del barrio o el pueblo chico, resuenan las voces de la insatisfacción y la protesta espontánea que afortunadamente no se dejan distraer. Un abrazo para todos, Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
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INFORME DEL 25 DE ABRIL
Domingo, 25 de Abril de 2010 21:06
Juan Carlos Neves
Queridos amigos: La improvisación, la falta de profesionalismo y la demagogia comenzaron a pasar sus facturas en el ámbito internacional así como cotidianamente lo hacen en el ámbito local. Esta semana se conoció el esperable fallo de la Corte de la Haya acerca de la instalación de una fábrica de pasta para papel en la costa uruguaya del río Uruguay. Se certificaron las violaciones al tratado por parte del vecino país y no se pudieron acreditar los efectos de la polución, si los hubiera, porque estos son acumulativos y en el corto tiempo entre la presentación ante la Corte y la emisión del fallo no pudieron manifestarse. La gente de Gualeguaychú se sintió naturalmente burlada porque hay violación del tratado pero no hay sanción y el problema sigue vigente. Podemos preguntar lícitamente para qué fuimos a la Corte si todos los estudiosos de los organismos internacionales sabíamos de antemano cual sería la naturaleza de su fallo. En todo caso pudo haberse apelado a la Corte sólo por la violación del tratado del Río Uruguay y con ese fallo favorable negociar de país a país desde el improbable traslado de la fábrica hasta una adecuada compensación para la gente de Gualeguaychú y un sistema de monitoreo conjunto con promesa de acciones concretas si la polución aparece. Pero todo eso hubiera requerido que el problema con Uruguay se manejara con profesionalismo diplomático sin tener en cuenta la lucha por los votos de los entrerrianos y otras mezquinas consideraciones de política interna que llevaron a que hoy tengamos un puente internacional cortado, una ciudad en estado de beligerancia y una relación internacional que recomponer. Y encima escuchamos a la principal responsable de nuestra política exterior, o sea la titular del ejecutivo, decir que se había demostrado que teníamos razón, lo cual no sólo es falso pues el fallo fue repartido sino que evidencia la misma superficialidad y pobreza conceptual que se repite ante cada tema de importancia nacional. A esta crisis aún irresuelta debemos sumar que la China, amenaza con aplicar nuevas medidas de represalia comercial a la ya conocida restricción en la importación de aceite de soja. En este caso el gobierno argentino parece ignorar que uno de los principios de las relaciones internacionales es el de “reciprocidad” por lo que debe esperarse que cualquier medida arancelaria que se aplique tendrá su previsible respuesta. Agreguemos que la suspensión del viaje oficial a China de la señora presidente, por razones de política interna, agravó los problemas existentes. Rusia, por su parte, advierte que perderemos su mercado de carnes por nuestros incumplimientos y los Estados Unidos apenas concedieron quince minutos de tiempo de su presidente Obama para hablar con la presidente Cristina Fernández. No fue sorprendente si se tiene en cuenta que ella había castigado gratuitamente a Obama diciendo que éste había decepcionado a América Latina con su política en el caso Honduras. Nos preguntamos ¿es razonable que afectemos nuestra relación con Estados Unidos por un tema muy alejado de nuestros intereses nacionales? ¿O es que los compromisos con la izquierda latinoamericana son más fuertes que los deberes para con el país? Esta última respuesta aparece como la más probable luego de ver y escuchar a nuestra presidente en el Bicentenario de Venezuela excederse del festejo del hecho histórico para encolumnarse con Hugo Chávez, declararse a la altura de los próceres revolucionarios de 1810 y hacer causa común con un presidente que está persiguiendo a la prensa, encarcelando a la oposición y confiscando empresas privadas, incluso argentinas. Nuestra contundente conclusión es que desarrollamos una política exterior deplorable, plagada de errores y contradicciones que afecta a la Argentina y a sus intereses nacionales y que pone en cuestión nuestro compromiso con los derechos humanos al ignorar sus flagrantes violaciones en Cuba y Venezuela. En el plano interno nuestra economía sigue afectada por la inflación y hemos llegado al extremo de que el FMI nos ofrezca sus servicios para ayudarnos a desarrollar un índice de precios nacional. Ellos no saben o pretenden ignorar que a la Argentina no le faltan profesionales capaces sino honestidad y voluntad política para reparar el daño que causa a nuestra credibilidad un índice mentiroso que pretende disimular los niveles de pobreza e indigencia que ya son inocultables. Se espera como si fuera un hecho mágico que se concrete el canje de deuda pero ninguna medida servirá para que recuperemos aptitud crediticia si no se sinceran los datos de nuestra economía. En tanto el Congreso nacional registra el dudoso mérito de no haber promulgado una sola ley desde el inicio de sesiones por obra y gracia de las mañas del oficialismo. Parece que lo único que los legisladores oficialistas están dispuestos a aprobar es una Ley de matrimonio homosexual que incluya la posibilidad de adopción. Entendemos que la unión entre personas del mismo sexo es una cuestión particular respecto de la cual la participación y regulación del Estado debe ser ajena. En particular, la pretensión de adoptar un niño por una pareja que por la naturaleza de su relación ha excluido voluntariamente la opción de procrear, resulta inaceptable ya que ignora el derecho del niño a criarse en el seno de una familia formada por padre y madre según los dictados de la naturaleza. Pero así están las cosas. Los funcionarios están ocupados en atacar a Cobos, descalificar a la oposición, desacreditar al periodismo indócil y disimular la realidad. El Congreso sigue entre la inmovilización y el debate de cuestiones que no representan la agenda de los ciudadanos. La política exterior carece de coherencia. Y la Argentina se sostiene por el trabajo cotidiano de miles de agricultores, ganaderos, tamberos y trabajadores de la industria y los servicios que empujan al país a pesar de las autoridades y los legisladores que fueron elegidos para hacer funcionar a la nación y que hoy son un contrapeso pues sólo parecen ocuparse de sus asuntos y de las disputas del poder. Un abrazo para todos. Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
INFORME DEL 11 DE ABRIL
Domingo, 11 de Abril de 2010 14:42
Juan Carlos Neves
PENSAR EN GRANDE Queridos amigos: El escenario más representativo de la realidad nacional no estuvo esta semana en el Congreso, donde las oposiciones no pudieron con la máquina de impedir montada por el oficialismo para que esa institución deje de funcionar. Tampoco estuvo en los patéticos esfuerzos realizados en los Estados Unidos por la señora presidente para convencer a los empresarios de ese país que les conviene venir a invertir a la Argentina sin tener garantías de que el Secretario Moreno no les impondrá insostenibles precios máximos, ni que el Ministerio de Trabajo convalidará huelgas salvajes desatadas por internas sindicales o que el gobierno no les aplicará alguna forma de intervención o venta forzada de sus empresas. Pese a lo indicativos que son esos temas del grado de deterioro institucional y económico de nuestro país hubo un escenario mucho más modesto pero también más contundente en cuanto a evidenciar la angustia que nos invade. Ese escenario estuvo en los estantes y las heladeras de los supermercados, chinos, franceses o criollos, frente a los cuales los ojos despavoridos de los clientes convalidaron que la inflación está instalada en forma agresiva e imparable en nuestra vida cotidiana. Para los que hemos vivido muchos años en la Argentina y hemos visto procesos parecidos no caben dudas que si queremos evitar que este proceso alcance niveles hiperinflacionarios hace falta tomar medidas urgentes y duras. Para el gobierno basta con deformar las cifras del Índice de Precios al Consumidor e instruir a sus Ministros para que eliminen la palabra inflación en sus mensajes y empleen eufemismos tales como “deslizamientos” o alguna otra tontería semejante para que el problema desaparezca de la preocupación social. Pero no hay suerte. La inflación está omnipresente en lo surtidores, en los supermercados, en los restaurantes, en los servicios, en los colegios y en cada espacio de nuestra vida cotidiana. El Ministro de Economía se dirigió a los que argumentan que los aumentos masivos de salarios alimentan la inflación, diciéndoles que dichos aumentos continuarán porque la política del gobierno no es ajustar sueldos. Pero no aclaró que la inflación se devora esos aumentos cada vez a mayor velocidad entre paritaria y paritaria y lo que es peor no enunció ningún plan alternativo de carácter fiscal o monetario simplemente porque no lo tiene. Peor aún, ni siquiera tiene la honestidad intelectual de reconocer lo que ya es evidente y notorio: que la Argentina está en medio de un proceso inflacionario que está destruyendo la capacidad adquisitiva de los ciudadanos. A esta realidad el gobierno la contrarresta enunciando sus triunfos. Por ejemplo haber logrado que el Congreso no pueda funcionar mediante la técnica de no dar quórum, utilizar chicanas reglamentarias y lograr fallos judiciales favorables. Pero ¿es un triunfo impedir el funcionamiento de uno de los tres poderes de la república en un gobierno democrático? ¿Es una victoria evitar la sanción de leyes y negar la posibilidad de los mecanismos de control que dependen del Congreso? En todo caso es el triunfo del espíritu dictatorial que pese a los 27 años de democracia parece anidar ya no en los corazones de los militares sino en los despachos de los integrantes del poder ejecutivo y de los funcionarios electos o designados por el oficialismo. Sin un Congreso que exprese en leyes la voluntad popular y que controle y limite al Poder Ejecutivo, la democracia representativa se convierte en una ficción y se pierde la legitimidad del gobierno con todas las consecuencias que ello acarrea. El gobierno lanza medidas contradictorias, denosta o adula a los tenedores de bonos o a los organismos económicos internacionales con el mismo énfasis con poca diferencia en el tiempo y evidencia la falta de un proyecto coherente que no sea defender su permanencia en el poder hasta el 2020, única política de largo plazo expresada por las actuales autoridades. En este punto cabe formularse una pregunta. ¿Porqué a este gobierno al igual que a la mayoría de las corrientes opositoras les cuesta tanto presentar un proyecto de país futuro más allá de proclamar sin precisiones que quieren seguridad, prosperidad, educación y justicia social como si fueran palabras cabalísticas o un “mantra” que por su sola enunciación conjure los males y logre providenciales efectos? Nuestra opinión es que la enunciación de un proyecto obliga a definirse acerca de cuestiones fundamentales que revelan lo que siempre se niega al electorado: la posibilidad de conocer lo que se les ofrece y de elegir entre propuestas. Es mucho más fácil ofrecer candidatos con perfiles fabricados por eficaces agencias publicitarias que presentar planes y proyectos para el debate y la confrontación. Un proyecto de país es mucho más que unas cuantas medidas dispersas y bienintencionadas. Un proyecto de país exige, por ejemplo, definir si vamos a intentar integrarnos al mundo de los países desarrollados de la mano de las naciones serias de las Américas o si vamos a sumarnos a los movimientos trasnochados de “socialistas revolucionarios” del estilo de Chávez o Castro. Un proyecto de país requiere definir objetivos estratégicos y asegurar la estabilidad jurídica y el mantenimiento de las reglas de juego económicas si se desea que se radiquen capitales y empresas que vengan a producir y crear fuentes de trabajo y no a especular y que regresen los capitales argentinos refugiados en el exterior. Requiere adoptar un modelo federal sustentado en una reforma tributaria que elimine el centralismo de hecho que impera actualmente. Requiere definir matrices energéticas y vías de comunicación física que permitan eliminar los cuellos de botella de la producción a mediano y largo plazo. Requiere adoptar modelos sindicales democráticos que hagan de la fuerza laboral un factor contribuyente a la competitividad nacional. Requiere muchas definiciones pero, sobretodo, requiere un compromiso con nuestros valores tradicionales de defensa de la familia, de la vida desde la concepción, del matrimonio heterosexual, de la erradicación de los estupefacientes y de la recuperación del valor de la palabra, la honestidad y la sinceridad en la vida pública y privada al igual que la revalorización de instituciones tradicionales como la justicia, las fuerzas armadas y la iglesia católica, que estuvieron presentes desde los albores de la patria. Es cierto que abrir el debate sobre estos temas requiere un compromiso muy fuerte, pero si no definimos el futuro, no habrá futuro. No nos quedemos en las peleas chicas de facciones sectoriales porque el momento histórico nos pide pensar en grande. Un abrazo para todos. Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.
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