INFORME DEL 27 DE NOVIEMBRE
ESQUIZOFRENIA
Queridos amigos:
¿Podemos aplicar el análisis de las consecuencias de una enfermedad mental humana a la realidad social y política de un país? Técnicamente puede no ser lícito pero didácticamente puede resultar muy gráfico. El caso al que queremos aludir es el de la esquizofrenia, que significa “mente partida”, enfermedad mental que se caracteriza por una disociación específica de las funciones psíquicas. Quien la padece experimenta una distorsión en sus pensamientos que lo lleva (entre otros síntomas) a sentir, pensar y hablar de una manera diferente a como lo hacía antes. El esquizofrénico tiende a aislarse y puede experimentar delirios, alucinaciones, angustia y excitabilidad.
De alguna manera, estos síntomas parecen haberse apoderado de nuestra sociedad que pasó sin escalas de sentirse protagonista de una epopeya de crecimiento sin paralelos históricos a descubrir que los fondos públicos ya no alcanzan para subsidiar los altísimos costos de la energía y el transporte, que el record de reservas del Banco Central se evaporó hasta el punto de llevar a inhibir la libre compra de dólares o que los heroicos trabajadores que ayudaron a rescatar a Aerolíneas Argentinas de los “vaciadores” extranjeros, conspiran ahora contra la empresa a pesar de ganar sueldos extraordinarios y son, de pronto, la causa eficiente de que la compañía sea deficitaria y tenga rutas insostenibles.
Reconozcamos que los cambios absolutos no son ajenos a nuestra historia. Hemos visto, por ejemplo, transformarse a los despiadados asesinos terroristas que asolaron la Argentina en la década del setenta y que merecieron incluso el repudio del difunto presidente Perón en “jóvenes idealistas”, supuestamente perseguidos por su defensa de la justicia social. Pero este giro copernicano no fue rápido ni improvisado. Fue necesario deformar muchos acontecimientos históricos, cambiar otros, confabular a medios de comunicación y mal llamadas organizaciones de derechos humanos para lograr una visión parcial que permitiera cambiar leyes, anular indultos , otorgar millones en indemnizaciones y juzgar tan solo a quienes conviene al nuevo relato, a través de un proceso largo y sistemático.
Lo que ahora está sucediendo, en cambio, se caracteriza por ser rápido, súbito e inexplicable por ausencia de un relato coherente. Peor aún, para aumentar el desconcierto social las fuentes de los nuevos paradigmas son las mismas que hasta hace apenas semanas sostenían esquemas formales de pensamiento, no solo diferentes sino, incluso, totalmente opuestos.
A principios de la semana fue el Ministro de Planificación, Julio De Vido, el encargado de anunciar una serie de medidas encaminadas a disminuir el enorme déficit de la empresa Aerolíneas Argentinas estimado este año en alrededor de 700 millones de dólares. Con tal fin, expuso que se analizará la continuidad de rutas poco rentables, se revisarán las prerrogativas del personal de vuelo, se resolverán conflictos entre sindicatos que afectan a la empresa y se adoptarán normas administrativas básicas para una buen “management” empresarial. Ninguna de estas cuestiones sería notable sino fuera porque quienes hasta hace una semana decíamos cosas semejantes, éramos tildados poco menos que de “antipatrias”, supuestamente ignorantes de que el Estado tenía la obligación de dilapidar cuantos fondos fueran necesarios para sostener la comunicación que solo puede proveer una línea de bandera. El punto es que la eficiencia no está reñida con la condición de que una empresa tenga una conducción privada o estatal sino con la capacidad profesional de los directivos y el manejo ponderado de la relación entre los dirigentes y los empleados, pensando siempre en la calidad del servicio.
Sin embargo, el tema de la aerolínea de bandera dio para mucho más. Mostrando una gran indignación la señora presidente en persona utilizó, según es su costumbre, una inauguración menor (en este caso la remodelación de un hangar) para atacar duramente a los gremios cuyos dirigentes fueron hasta hace poco sus aliados e incluso funcionarios públicos (como en el caso del señor Cirielli). Los trató de cínicos, expuso los supuestos sueldos que cobran (con valores negados luego por los aludidos) y hasta se permitió burlarse de las causas clínicas por las que algunos pilotos han suspendido vuelos (inflamación del intestino colon, vulgo colitis). Comparó estas debilidades escatológicas con su propia fortaleza para enfrentar situaciones personales que parecen surgir de algún designio ineludible de conducir el país. Cabe mencionar que en las recientes elecciones se presentaron al menos diez candidatos presidenciales que podrían haber eximido a la señora presidente de continuar con una actividad que le demandaría sacrificios personales que no podemos menos que poner en duda.
Pero no fue esta la única exposición presidencial. En la 17ª. Conferencia Industrial la señora presidente habló durante más de una hora y en el transcurso de su larga presentación hizo saber que disentía con el Secretario General de la CGT en cuanto a que se promulgara una ley que permitiera a los trabajadores participar de las ganancias de las empresas, quedando esa posibilidad librada al tratamiento en negociaciones paritarias. Lo sorprendente en este caso fue que la ley mencionada había sido presentada con apoyo del gobierno, expresado explícitamente por el difunto ex presidente Néstor Kirchner. Los industriales se sintieron apoyados pero una vez más quedó flotando la idea de que en la Argentina imperan la contradicción y la incertidumbre y que los anuncios responden a decisiones apresuradas y a asesoramientos circunstanciales motivados por incidentes que afectan el humor de quien tiene la facultad absoluta en la toma de decisión.
Y ese es un punto esencial para comprender el drama que afecta a la Argentina. La toma de decisión en cualquier organización bien conducida responde a un proceso que ante cada problema es estudiado en profundidad por especialistas que proponen las distintas soluciones posibles. Esas soluciones son analizadas en función de sus fortalezas y debilidades y de las oportunidades y amenazas que representan. Es imprescindible considerar los efectos negativos y las resistencias que puede ocasionar cada una y elegir cuidadosamente la mejor solución. Luego se debe designar a quienes ejecutarán la solución adoptada y a quienes supervisarán su cumplimiento y propondrán los cambios si los resultados no son los previstos. Si todo ese proceso se limita a aplicar la voluntad de una sola persona, con su única visión y con sus limitaciones biológicas y personales, los planes son reemplazados por decisiones de corto alcance, inesperadas e incluso contradictorias.
Las políticas de Estado y la toma de decisión al más alto nivel han quedado reducidas en la Argentina a la voluntad individual de la señora Presidente. Los distintos sectores tratan de ganar favores de la única fuente de poder reconocida. Los periodistas analizan sus mensajes, sus ataques verbales y sus medias palabras tratando de interpretar el futuro. Siempre sola con su micrófono ante un público que no puede responder, nunca un debate, jamás un intercambio. Los retados se incomodan en silencio, los ganadores circunstanciales se solazan, todos aplauden aunque sin estar seguros del porqué. ¡Pobre Argentina esquizofrénica que festeja o se entristece según se le indique desde un centro de poder individual, inconcebible en una república democrática!.
Entretanto los conflictos no se detienen. Al gobernador Scioli le reclaman fondos desde la Corte de Justicia Bonaerense hasta los empleados estatales y los proveedores. Quien recuerda la ola naranja de la campaña y las expresiones triunfalistas que la acompañaron no puede menos que asombrarse al saber que la provincia presenta cifras en rojo por ocho mil millones de pesos. Pero también desde Santa Fe suena la voz de su gobernador, anticipando que sin fondos nacionales la provincia amenaza con detenerse y caer en una crisis financiera. Hay coincidencias en el interior del país de que el giro de fondos a las cajas de jubilaciones provinciales sea automático, por ley, lo que los libraría de la discrecionalidad del ejecutivo. Este es un objetivo con pocas probabilidades de éxito ya que justamente la discrecionalidad está en la base del ejercicio del poder del oficialismo.
En la Argentina esquizofrénica quedan muy pocas voces coherentes (buenas o malas): Moyano reclamando beneficios para su sector, unos pocos opositores reducidos en muchos casos a sus espacios en Internet, la iglesia que muestra estadísticas de pobreza que enojan al gobierno o los compradores y depositantes de dólares que no aflojan en su intento de hacerse de moneda fuerte ante la desconfianza creciente en la capacidad técnica y la disponibilidad de fondos del gobierno. Porque hay algo con lo que nadie se engaña. El anuncio del corte de los subsidios estatales a las empresas de agua y energía que nos lleva a un grosero aumento de tarifas, cualquiera sea el nombre que le pongan, al igual que la racionalización de Aerolíneas Argentinas, entre otras medidas de similar tenor, están mostrando claramente que se acabó la plata fácil y que el país debe entrar en un período de sacrificio y austeridad. Comienza la etapa en que se necesita liderazgo verdadero y decisiones de estadistas y no parece que tengamos un equipo preparado para enfrentarla. Si al menos desde el gobierno se expresaran con claridad, evitaríamos que los síntomas de esquizofrenia ganaran la calle e invadieran a una sociedad que no comprende que estemos tan mal después de ocho años de supuestos éxitos ininterrumpidos. ¿O será que nos habían mentido?
Un abrazo para todos
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


