Queridos amigos:
Hace pocos días autoridades del área de Defensa anunciaron la intención de desarrollar un proyecto de construcción de un submarino nuclear. Llevado por el interés de esta iniciativa consulté con algunos reputados especialistas acerca de la factibilidad del proyecto. Me informaron que Argentina dispone de los conocimientos técnicos (know how) necesarios para un desarrollo de esta naturaleza sumando las capacidades del Instituto de Investigación Aplicada (INVAP), la Comisión nacional de Energía Atómica (CNEA) y otras instituciones académicas. En su opinión sería muy importante que nuestro país pudiera llegar a dominar las aplicaciones nucleares en el área de la propulsión así como ya las domina en el ámbito de la producción de electricidad con desarrollos de avanzada como el reactor autopresurizado CAREM. También destacaron que un submarino nuclear incorporaría una capacidad estratégica con fuerte poder de disuasión para el área de la defensa. Sin embargo, dado que un proyecto de esta naturaleza conlleva un trabajo de no menos de diez años no se justifica encarar el esfuerzo si no constituye en una política de Estado que no corra el riesgo de terminar con el próximo cambio de gobierno.
El concepto de política de estado resalta la condición permanente del Estado en contraposición a la rotación de los gobiernos que constituye una cuestión inmanente de la democracia. Para alcanzar objetivos estratégicos de mediano o largo plazo es imprescindible que dichos objetivos sean consensuados entre los líderes políticos en funciones de gobierno y sus posibles sucesores. Conclusión, teniendo en cuenta el estilo confrontativo y la promoción de la discordia, que guían el accionar del actual gobierno, la posibilidad de que el proyecto del submarino nuclear se concrete cuenta con muy baja probabilidad.
El ánimo de confrontación hace que cada propuesta sea presentada como una reivindicación, cada política como una revancha y cada proyecto como un desafío. La posibilidad de definir objetivos estratégicos consensuados frente a esa actitud se torna utópica e irrealizable. Todo aquel que no se subordina al gobierno es definido como enemigo aun cuando pertenezca al mismo partido que el oficialismo y es tratado como tal. Los líderes de la oposición deben insumir una enorme cantidad de energía en tratar de frenar o al menos neutralizar los continuos embates jurídicos y fácticos del ejecutivo para manipular los instrumentos institucionales en su desmesurado afán de controlar el poder y perpetuarse en el mismo. En ese contexto debemos situar la media sanción en diputados de una ley que busca evitar que el ejecutivo pueda modificar el presupuesto a voluntad y los proyectos para reformar la nefasta modificación en la conformación del Consejo de la Magistratura. Tomamos conocimiento con preocupación de las encuestas del SEDRONAR que evidencian el incremento del consumo de drogas entre los jóvenes y el fracaso de las políticas permisivas en ese ámbito mientras el oficialismo nos impone la discusión parlamentaria distractiva acerca de los supuestos derechos de las parejas homosexuales a constituir matrimonios con acceso a la adopción.
Los problemas reales de los ciudadanos no encuentran respuesta en el accionar del oficialismo. Nos preguntamos: ¿se puede ignorar la inflación cuando se están pactando aumentos salariales del 25 por ciento de promedio?; ¿es aceptable negar la corrupción cuando funcionarios de carrera como el embajador Sadous la denuncian en forma pública y el gobierno se limita a descalificarlo groseramente?; ¿es posible seguir contemplando los asesinatos cotidianos cometidos por delincuentes muchas veces reincidentes sin que haya siquiera un tímido plan de seguridad o el tratamiento de una ley penal juvenil? La respuesta es sin dudas negativa.
En estos días ha aparecido un esbozo de esperanza al trascender que distintos líderes de la oposición deponen aspiraciones personales para agruparse alrededor de proyectos políticos comunes. Esta debería ser la hora de comenzar a consensuar los grandes objetivos que deben guiar a la nación. Nosotros proponemos empezar por un programa que constituya una segunda oportunidad para una generación de jóvenes que no estudian ni trabajan y que viven prematuramente condenados a depender de subsidios y planes manejados por punteros políticos inescrupulosos y gobiernos clientélicos. Estos jóvenes, cuyo número se incrementa permanentemente con el aporte de las migraciones internas y externas, necesitan una nueva oportunidad para educarse, aprender oficios útiles y recuperar una escala de valores morales y espirituales. Esta debería ser una política de Estado que aprovechara la capacidad ociosa de organizaciones de las fuerzas armadas y de sectores de la comunidad productiva. Todos los que tenemos vocación para la búsqueda del bien común a través del ejercicio del poder deberíamos buscar el consenso de los distintos sectores para desarrollar estas políticas sin tratar de sacar de ellas ventajas electorales.
En la Argentina del presente hay un enorme trabajo por hacer con actitudes totalmente diferentes a la agresividad, el apriete, el clientelismo, el espíritu de confrontación, la promoción de la discordia y el autoritarismo que caracterizan al actual grupo gobernante. El desafío a futuro es llegar a establecer objetivos estratégicos consensuados en todas las áreas y hacer de su obtención verdaderas políticas de Estado.Un abrazo para todos, compartiendo la alegría de que Argentina ya está en cuartos de final de la copa del mundo de fútbol, con los barrabravas en retroceso, un juego limpio en la cancha y la esperanza de que nadie intente hacerse dueño exclusivo de esa alegría que es de todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana




