INFORME DEL 30 DE MAYO
Queridos amigos:
Terminaron los festejos del Bicentenario de la revolución de Mayo pero el tema sigue dominando el escenario mediático. No por cierto por el análisis de las circunstancias y la significación histórica de la fecha, sino por el más prosaico cálculo de la influencia del alto número de concurrentes en la realidad política inmediata.
Como observador contemporáneo de los hechos pasé por el mismo estado de ánimo que acompañó a muchos compatriotas. Los primeros días me indigné por los desplantes presidenciales hacia los hombres e instituciones que no le son afines y fui un mero seguidor televisivo del espectáculo. Pero el día 25 de Mayo reflexioné acerca de la circunstancia única en la vida de poder participar de una conmemoración que no se repetiría en cien años y malgrado el rechazo al aprovechamiento político que se estaba haciendo de la fecha, entusiasmé a mi familia y nos sumamos al Tedeum en la Catedral.
El Cardenal Bergoglio, quien presidió el evento, hizo denodados esfuerzos por quitar todo sentido crítico al acto religioso. Llegó incluso a felicitar la iniciativa presidencial de llevarlo a la Basílica de Luján y en lugar de pronunciar una homilía leyó el documento escrito en la última reunión episcopal. Fue inútil. El problema es que basta decir que en la Argentina hay que respetar las instituciones, evitar las confrontaciones y enfrentar la pobreza, para que todo suene a crítica antigubernamental. De hecho, todo lo que no sea alabanza, sea sincera u obsecuente, es leído por el gobierno como un ataque directo, injusto y hasta destituyente, hacia una gestión autocalificada de extraordinaria y refundacional.
Por la noche llegó la apoteosis de presentismo. Luego de cuatro días feriados se ofreció un espectáculo de costo millonario en forma gratuita, con medios de transporte público también gratuitos y una masa de colectivos escolares que estacionados cubrían tres manos de la calle Independencia asegurando el traslado desde el conurbano. La ciudadanía asistió masivamente pero sin mostrar ningún símbolo partidario ni alabar a persona alguna. Fue el más claro mensaje que pronunciarse pudiera de que a nuestra gente poco le importaba quien o quienes presidían la fiesta sino que querían ser parte del festejo histórico de la ARGENTINA. Así con mayúsculas. Su país. Su tierra. Su patria.
Quienes estuvimos allí sabemos que las demás interpretaciones son meras expresiones de deseos, excepto que la degradación de la autoestima gubernamental llegue a tal extremo que el sólo hecho de no haber sido abucheados sea considerado como un éxito de proporciones.
Queda para la referencia crítica la fuerte carga ideológica que destilaban los espectáculos y los discursos presidenciales que traicionaban la neutralidad histórica. Dolió ver la carroza de Malvinas mostrando soldados de andar pesado, en un ambiente tétrico y llevando cruces invertidas sobre las espaldas que eran como las lápidas de sus propias tumbas o saber que el cuadro del guerrillero Ernesto Guevara fue incluido entre los patriotas latinoamericanos y abrumó la omnipresencia de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que por la proximidad temporal de los hechos que las involucran debió ser mucho más mesurada y medida ante sucesos que aún no han sido sometidos al juicio de la historia. Pero todo ello forma parte inseparable de la actitud de quienes son incapaces de respetar a quienes pueden pensar o sentir de manera diferente a la que pretenden imponer.
Los gobernantes del imperio romano decían que para mantener contento al pueblo era necesario darle “pan y circo”. Su equivalente actual sería “planes y espectáculos”. Pero la diferencia está en que los fondos para llevar a cabo esta política denigrante eran obtenidos por los romanos de los tributos que debían pagar los pueblos sojuzgados por sus legiones a hierro y sangre. Los dineros utilizados hoy, en cambio, provienen de los impuestos pagados por los hombres libres que trabajan en el campo y que producen en fábricas y empresas exitosas, y que ven cómo les arrebatan sus ganancias con la imposición de retenciones y tributos siempre crecientes y con escasa contraprestación. Observan que con sus impuestos se sostienen cada vez más empresas públicas deficitarias, se financia la televisación del fútbol o se permite la existencia de una corrupción sin control que cada día suma más fundadas denuncias. Ahora también ven cómo se suman la organización de espectáculos masivos, el reparto de lo ajeno y la búsqueda de la perpetuación en el poder. Pero los actuales gobernantes deben tener en cuenta que las políticas que se basan en el populismo tienen sus límites cuando esos hombres libres se hartan de ser expoliados y terminan por cerrar sus fuentes de producción o marcharse hacia lugares en que se premie a quien produce y se incentive el trabajo como medio de vida. Y ese hartazgo ya se percibe.Me despido con un saludo muy especial para los hombres de nuestro ejército que ayer, 29 de Mayo, celebraron su día y para todos aquellos que con el tractor, la cruz, la espada y el pizarrón, tanto hicieron por la construcción de la patria y que quedaron excluidos u olvidados en la reciente celebración.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, presidente de Nueva Unión Ciudadana


