INFORME DEL 23 DE MAYO
Queridos amigos:
Si el matrimonio Kirchner tuviera escudo de armas, el lema más apropiado para su blasón sería la vieja frase que escribían en las vendas de sus heridas los fascistas de camisa negra de Mussolini y que rezaba “me ne frego”.El significado de “me ne frego” es “no me importa” o “qué me importa” pero llevado a un nivel de expresividad muy alto. Implicaba un verdadero desprecio por todo aquello y todos aquellos que se opusieran a los designios de los que se sentían dueños de la historia y que llevaban ese sentimiento al límite de despreciar el propio dolor y el daño que pudieran sufrir (de ahí el escribirlo en las vendas de las heridas) y por supuesto el desprecio total al dolor y el daño que la defensa de sus consignas pudieren causar a los demás.
Si la filosofía del “me ne frego” fue una marca registrada durante los cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner y los dos años y medio de Cristina Fernández de Kirchner, en la última semana el “me ne frego” fue llevado a su máxima expresión.
Todo comenzó en la VI Cumbre de Presidentes de la Unión Europea y América Latina llevada a cabo en España adonde Nestor Kirchner llegó como Secretario General de la UNASUR y Cristina Fernández como presidente de la Argentina y presidente del grupo América Latina y Caribe. A pesar que el Tratado de UNASUR dice explícitamente que su Secretario General tendrá “dedicación exclusiva” y que esta condición fue recordada hasta por el mismo mandatario que lo propuso, Néstor Kirchner estrenó su título oficialmente sin haber renunciado a su banca de diputado ni a su condición de presidente del partido justicialista. El “me ne frego” comienza a funcionar.
Fue luego la señora presidente quien en abierta transgresión a los usos y costumbres diplomáticas se permitió criticar la política de ajuste económico de su anfitrión español y también desmentir que en la Argentina se estuvieran poniendo trabas a las importaciones cuando esta política era pública y notoria. Finalmente ambos consortes visitaron y expresaron su solidaridad con el juez Garzón, que tiene dos procesos abiertos por la justicia independiente de su país, en una inaceptable interferencia con un tema interno español por parte de una presidente y un diputado argentinos que ostentaban además representaciones internacionales. Esto es el “me ne frego” en toda su plenitud.
El desprecio al protocolo, los usos y costumbres, las reglas, las leyes, las instituciones y sobre todo el sentir y pensar de los demás, que expresa el “me ne frego”, siguió luego del regreso al país de la señora presidente, ahora potenciado por la oportunidad brindada por los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo.
Estos festejos de celebración de la argentinidad, pagados con los impuestos de toda la nación, fueron evidentemente asumidos como un bien propio del que el oficialismo se hizo exclusivo dueño. Con sucesivas y variadas excusas la presidente anunció su inasistencia a la reinauguración del teatro Colón por discrepancias con el Jefe de Gobierno de la Ciudad, no participará del Tedeum que celebrará el Cardenal Bergoglio en la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires, cuna de la revolución de Mayo, no presidió el desfile militar conmemorativo a pesar de que su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas hacían ineludible su presencia y hasta se permitió no invitar al Vicepresidente a los actos protocolares. Con ello pretendió desairar a cada uno de sus supuestos oponentes políticos e institucionales olvidando la grandeza que exigía la circunstancia. Todo el festejo del Bicentenario se tiñó de ideología, política partidaria, discordia y mezquindad. Frente a esto, la ciudadanía estuvo por encima de la actitud de sus dirigentes y festejó con devoción patriótica, a despecho de la lluvia y las disputas, aplaudiendo a manos llenas a sus soldados, a sus artistas y a los símbolos de su argentinidad, tomando conciencia del momento histórico que el “me ne frego” del gobierno pretendió transformar en manipulación eleccionaria.
En este punto es necesario detenerse a reflexionar sobre el momento que nos toca vivir. El devenir de la historia encontró a la Argentina, a la fecha del Bicentenario, bajo el mando de un gobierno con el máximo nivel de conflictividad y propensión al enfrentamiento, transformando la celebración patria en un ícono de la discordia.
Pero no podemos dejar de considerar que estamos en el Bicentenario del comienzo de una revolución, cuyos protagonistas tenían objetivos contrapuestos y confusos y que antes de desembocar en la independencia nacional debería pasar por luchas intestinas, batallas militares y baños de sangre. Nuestra independencia se declaró en 1816 y ese fue el nacimiento de la patria y será nuestro próximo hito celebratorio.
Muchos somos los que tenemos la esperanza que para el año 2016 la historia nos presente un panorama diferente. Para ello estamos dispuestos a trabajar desde la política y el ejercicio de la ciudadanía con objetivos no de revolución pero sí de cambio y consolidación. Esperamos para el año 2011 cambiar la naturaleza y el estilo del gobierno. No más cultores del “me ne frego” en la casa rosada. Trabajaremos por un gobierno de consenso y tolerancia, en el que se revalúen las instituciones. En el que la Iglesia y las Fuerzas Armadas puedan aportar todo su potencial junto a los demás sectores de la sociedad. En que el campo sea respetado y todos los que producen tengan recompensa por su esfuerzo. En que la pobreza sea erradicada por la posibilidad de emplearse en trabajos dignos que reemplacen a las dádivas y los planes clientelares. En que la educación pública vuelva a los niveles de excelencia que supo tener y en que las escuelas sean ámbitos de formación en los auténticos valores de la argentinidad. En el culto a la verdad, el respeto de la palabra, el hábito de la honestidad y el valor del esfuerzo. En la defensa de la vida desde la concepción, la protección de la familia y la revalorización del rol del padre y la madre en la educación infantil. En un gobierno que nos devuelva el orden y la seguridad física y en que el espacio público sea respetado. En un gobierno que comprenda que la patria es de todos y que la soberanía resulta del esfuerzo y el compromiso de todos.
Quizás si nos esforzamos mucho y trabajamos con fe y la ayuda de Dios, el Bicentenario de la Independencia sea la celebración de la unión nacional y no, como ahora, el Bicentenario de la discordia.
Un abrazo para todos y un muy feliz día 25 de Mayo.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


