INFORME DEL 25 DE ABRIL
Queridos amigos:
La improvisación, la falta de profesionalismo y la demagogia comenzaron a pasar sus facturas en el ámbito internacional así como cotidianamente lo hacen en el ámbito local. Esta semana se conoció el esperable fallo de la Corte de la Haya acerca de la instalación de una fábrica de pasta para papel en la costa uruguaya del río Uruguay. Se certificaron las violaciones al tratado por parte del vecino país y no se pudieron acreditar los efectos de la polución, si los hubiera, porque estos son acumulativos y en el corto tiempo entre la presentación ante la Corte y la emisión del fallo no pudieron manifestarse. La gente de Gualeguaychú se sintió naturalmente burlada porque hay violación del tratado pero no hay sanción y el problema sigue vigente. Podemos preguntar lícitamente para qué fuimos a la Corte si todos los estudiosos de los organismos internacionales sabíamos de antemano cual sería la naturaleza de su fallo. En todo caso pudo haberse apelado a la Corte sólo por la violación del tratado del Río Uruguay y con ese fallo favorable negociar de país a país desde el improbable traslado de la fábrica hasta una adecuada compensación para la gente de Gualeguaychú y un sistema de monitoreo conjunto con promesa de acciones concretas si la polución aparece. Pero todo eso hubiera requerido que el problema con Uruguay se manejara con profesionalismo diplomático sin tener en cuenta la lucha por los votos de los entrerrianos y otras mezquinas consideraciones de política interna que llevaron a que hoy tengamos un puente internacional cortado, una ciudad en estado de beligerancia y una relación internacional que recomponer. Y encima escuchamos a la principal responsable de nuestra política exterior, o sea la titular del ejecutivo, decir que se había demostrado que teníamos razón, lo cual no sólo es falso pues el fallo fue repartido sino que evidencia la misma superficialidad y pobreza conceptual que se repite ante cada tema de importancia nacional.
A esta crisis aún irresuelta debemos sumar que la China, amenaza con aplicar nuevas medidas de represalia comercial a la ya conocida restricción en la importación de aceite de soja. En este caso el gobierno argentino parece ignorar que uno de los principios de las relaciones internacionales es el de “reciprocidad” por lo que debe esperarse que cualquier medida arancelaria que se aplique tendrá su previsible respuesta. Agreguemos que la suspensión del viaje oficial a China de la señora presidente, por razones de política interna, agravó los problemas existentes. Rusia, por su parte, advierte que perderemos su mercado de carnes por nuestros incumplimientos y los Estados Unidos apenas concedieron quince minutos de tiempo de su presidente Obama para hablar con la presidente Cristina Fernández. No fue sorprendente si se tiene en cuenta que ella había castigado gratuitamente a Obama diciendo que éste había decepcionado a América Latina con su política en el caso Honduras. Nos preguntamos ¿es razonable que afectemos nuestra relación con Estados Unidos por un tema muy alejado de nuestros intereses nacionales? ¿O es que los compromisos con la izquierda latinoamericana son más fuertes que los deberes para con el país? Esta última respuesta aparece como la más probable luego de ver y escuchar a nuestra presidente en el Bicentenario de Venezuela excederse del festejo del hecho histórico para encolumnarse con Hugo Chávez, declararse a la altura de los próceres revolucionarios de 1810 y hacer causa común con un presidente que está persiguiendo a la prensa, encarcelando a la oposición y confiscando empresas privadas, incluso argentinas.
Nuestra contundente conclusión es que desarrollamos una política exterior deplorable, plagada de errores y contradicciones que afecta a la Argentina y a sus intereses nacionales y que pone en cuestión nuestro compromiso con los derechos humanos al ignorar sus flagrantes violaciones en Cuba y Venezuela.
En el plano interno nuestra economía sigue afectada por la inflación y hemos llegado al extremo de que el FMI nos ofrezca sus servicios para ayudarnos a desarrollar un índice de precios nacional. Ellos no saben o pretenden ignorar que a la Argentina no le faltan profesionales capaces sino honestidad y voluntad política para reparar el daño que causa a nuestra credibilidad un índice mentiroso que pretende disimular los niveles de pobreza e indigencia que ya son inocultables. Se espera como si fuera un hecho mágico que se concrete el canje de deuda pero ninguna medida servirá para que recuperemos aptitud crediticia si no se sinceran los datos de nuestra economía.
En tanto el Congreso nacional registra el dudoso mérito de no haber promulgado una sola ley desde el inicio de sesiones por obra y gracia de las mañas del oficialismo. Parece que lo único que los legisladores oficialistas están dispuestos a aprobar es una Ley de matrimonio homosexual que incluya la posibilidad de adopción. Entendemos que la unión entre personas del mismo sexo es una cuestión particular respecto de la cual la participación y regulación del Estado debe ser ajena. En particular, la pretensión de adoptar un niño por una pareja que por la naturaleza de su relación ha excluido voluntariamente la opción de procrear, resulta inaceptable ya que ignora el derecho del niño a criarse en el seno de una familia formada por padre y madre según los dictados de la naturaleza.
Pero así están las cosas. Los funcionarios están ocupados en atacar a Cobos, descalificar a la oposición, desacreditar al periodismo indócil y disimular la realidad. El Congreso sigue entre la inmovilización y el debate de cuestiones que no representan la agenda de los ciudadanos. La política exterior carece de coherencia. Y la Argentina se sostiene por el trabajo cotidiano de miles de agricultores, ganaderos, tamberos y trabajadores de la industria y los servicios que empujan al país a pesar de las autoridades y los legisladores que fueron elegidos para hacer funcionar a la nación y que hoy son un contrapeso pues sólo parecen ocuparse de sus asuntos y de las disputas del poder.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


