INFORME DEL 14 DE FEBRERO
Queridos amigos:
Para describir el eje de la realidad política nacional en esta semana se hace imprescindible pronunciar una mala palabra. La palabra en cuestión es AJUSTE y tiene tan alto calibre y serias connotaciones que nadie se atreve a pronunciarla a pesar que todos saben que las acciones que dicha palabra sintetiza constituyen la única salida para controlar una desbordante inflación y una lenta pero inexorable marcha hacia el incumplimiento de los compromisos financieros del país.
“Ajustar”significa simplemente reducir el gasto público para que sea compatible con los ingresos presupuestarios. ¿Por donde empezar? Puede ser por los 1000 millones de pesos de pérdida de la Aerolínea estatal. O por los 600 millones que le cuesta al Estado financiar la televisación del fútbol. O por suprimir los aportes que permiten al gobierno hacer que se escriba en cada boleto de colectivo o ticket de subterráneo o boleta de servicios públicos privatizados, la frase “este servicio es parcialmente subsidiado por el Estado”. O generando empleos genuinos que reemplacen a las “cooperativas” estatales por las que se pelean literalmente los intendentes del conurbano y las agrupaciones piqueteras. Los gastos se pueden reducir por muchos caminos sin afectar el empleo o el crecimiento pero el gobierno no está dispuesto a hacerlo. Se hace evidente que desea mantener su despilfarro hasta el último día de su gobierno y dejar el costo político del ajuste al que lo suceda, aunque ello signifique dilapidar los fondos de las jubilaciones, la recaudación de la obra social del PAMI, las reservas del Banco Central o lo que sea. Sin conciencia de país ni sentido de la responsabilidad, confiando que el desastre que deban enfrentar los que vengan haga repensar a la ciudadanía si los que hoy son cadáveres políticos hubieran podido evitar la debacle y ser nuevamente una opción a futuro.
Las oposiciones entendieron la situación. Convertida la política en una mera lucha por disponer o bloquear fondos, los que aspiran a reemplazar a Cristina Fernández quieren que sea ella la que cargue con el costo de desarmar la desmesurada estructura de gastos que generó durante su gobierno y el de su marido. Todos los que sueñan con empuñar el bastón presidencial quieren evitar la terrible herencia de un país fundido y comprometido con un sistema de ocultamiento de inflación que cuando se sincere arrasará con el que tenga que enfrentarla.
Si comprendemos que este es el eje de la política en estos momentos toda la confusión se aclara y las acciones cobran sentido. Las del gobierno tratando de conseguir fondos a cualquier costo, aun cuando sea de fuentes que no pueden sustentarse en el tiempo, ya que sólo se trata de mantener la ficción por dos años más. Y las de la oposición que tratan de impedir que el gobierno empeñe todo pero sin arriesgar la estabilidad institucional para que sea este mismo gobierno quien deba enfrentar el ajuste en lo que le resta de mandato. En el medio, la lucha por controlar la justicia a través del Consejo de la Magistratura o el conflicto por las Comisiones del Senado son objetivos secundarios que sirven al gran objetivo de fondo: forzar el ajuste en el 2010 para evitar que el país se funda y estalle después de la elección del 2011.
La semana que pasó también nos permitió ratificar que Néstor Kirchner es el personaje más importante del oficialismo ya que de otro modo no se explica que la intervención quirúrgica de un diputado paralice al gobierno y lo ponga en vilo tal como sucedió. La señora Presidente, por su parte, sigue cada día más coloquial y sus comentarios públicos la alejan cada vez más de la imagen que su investidura conlleva. Ya ni siquiera parecen importar las formas ni mostrar sin vergüenza por donde pasa el poder real.
El año del Bicentenario de la Revolución de Mayo no podía pintar peor. Con una Argentina desmoralizada, hundida en la inseguridad y plagada de disputas institucionales y políticas. Pero eso no debería sorprendernos. Así son las revoluciones y quizás por eso no sea razonable festejarlas. Podemos en cambio abrigar la esperanza que el festejo de nuestra independencia sea diferente y que al menos nos encuentre con los fondos para disputar las regatas que nosotros mismos organizamos y con las fuerzas morales para respetar las instituciones que nosotros mismos creamos.
Un abrazo para todos y pongan sus ojos en el Congreso.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


