INFORME DEL 24 DE ENERO
Queridos amigos:
La república de Haiti fue devastada por un terremoto de tal magnitud que será necesaria una gran tarea de reconstrucción para volver a poner el país en funcionamiento. Habrá que reconstruir la infraestructura, el sistema educativo y el sistema de salud. Recuperar la seguridad física en las calles, poner a funcionar la justicia y devolver el imperio a las instituciones constitucionales. Argentina no ha sufrido ningún terremoto geológico de esa magnitud pero está siendo devastada por un terremoto político que se incrementa día a día y que también planteará un descomunal esfuerzo reconstructor a la hora de recuperar la infraestructura, el sistema educativo, el sistema de salud y la justicia; retornar la seguridad física y jurídica y volver a poner en funcionamiento las instituciones que son agredidas con descalificaciones a los funcionarios y negación de sus atributos por el propio gobierno. Eso sin contar el esfuerzo para devolver la racionalidad a nuestras relaciones exteriores, incluyendo el retorno de la normalidad con países tan afines como Uruguay, Italia y España con los que nos hemos absurdamente distanciado y un comportamiento sensato con potencias como China o los Estados Unidos.
Lo inconcebible de nuestros problemas es que todos tienen como origen la incompetencia, la soberbia y la agresividad de nuestro propio gobierno que es quien genera los problemas, los magnifica y luego los esgrime como una amenaza para justificar acciones aún más agresivas y autoritarias.
Tomemos el caso del Vicepresidente. Cristina Fernández eligió a Cobos como compañero de fórmula. Nadie la obligó ni le fue impuesto. Ni siquiera surgió de una elección interna. Lo eligió “a dedo” sabiendo que era radical e ideológicamente ajeno a ella, porque especuló con que con los votos que aportarían los radicales disidentes que respondían a Cobos le evitaría la segunda vuelta electoral, tal cual sucedió. Cumplido su objetivo pretendió reducir a su Vicepresidente de figura política aliada con quien compartiría el poder de decisión en un mero instrumento, en un subordinado, tal como lo hiciera Néstor Kirchner con el Vicepresidente Scioli en su período presidencial. Pero Cobos no se lo permitió. Por conciencia o conveniencia actuó en forma independiente y votó en contra de una decisión inconsulta y desmesurada como fue la Resolución 125. Por ello fue declarado enemigo, aislado y prácticamente empujado a la oposición a la que se sumó con gusto. En todo caso fue un problema interno del Frente para la Victoria que no tiene porqué ser transferido a los argentinos y a sus instituciones. ¿Con qué derecho Cristina Fernández nos hace copartícipes del error en la elección de su compañero de fórmula? ¿Por qué lleva este tema a la agenda pública y lo ventila ante los medios, la opinión pública nacional y la internacional sumiéndonos en la vergüenza? ¿Como se permite afectar las relaciones exteriores del país suspendiendo una visita presidencial a una potencia extranjera por sus disputas palaciegas? La nación argentina y su imagen no tienen porqué sufrir los errores políticos de su presidenta.
El caso de las reservas es aún más grave en sus consecuencias. A poco del cierre del Congreso, pretende utilizar las reservas del Banco Central para pagar deuda a acreedores privados por medio de un instrumento denominado Decreto de Necesidad y Urgencia reservado para casos específicos que no se corresponden con el tema ni la ocasión. Ignora los llamados de la oposición a llevar el tema al Congreso, genera un embargo en Estados Unidos y termina con el papelón de que deba ser la justicia quien ponga en evidencia la inviabiliadad de la burda maniobra tal cual acaba de suceder a través de un ejemplar fallo. Como corolario inicia una nueva confrontación, ahora para echar al presidente del Banco Central, funcionario éste al que acusan de no cumplir con los deberes de funcionario público cuando en realidad el fallo de la justicia demuestra que fue el único funcionario que realmente intentó cumplir con tales deberes al oponerse al uso indebido de las reservas. El caso Redrado servirá también para verificar el grado de adhesión a los principios, de los líderes de la oposición ya que parece que algunos no pueden distinguir entre la defensa del derecho y la antipatía hacia las personas y que estarían dispuestos a permitir la defenestración del Presidente del Banco Central ahora que ya se inmoló políticamente.
No es ocioso recordar que la semana pasada escribí: “se teme que un día el señor Redrado llegue al Banco Central y un par de policías le impidan acceder a su despacho, acción gravísima pero que no escaparía a la lógica brutal que se emplea desde el poder y que ya tuvo su demostración con el acoso a la jueza Sarmiento”. Este acierto no hace sino probar que lo que decimos del gobierno no es una mera crítica de opositores sino la descripción de un comportamiento recurrente que comienza con un acto ilegítimo y luego suma y escala nuevas arbitrariedades y aún actos de fuerza para sostenerlo, sin reconocer el error ni pretender enmendarlo. “Los Kirchner” y Aníbal Fernández hacen sencilla la prognosis.
Mientras la mitad de los titulares de los medios se distraen en estos dislates institucionales, tan artificiales como innecesarios, la inflación real asusta a la hora de la verdad ante la caja del supermercado o el contador del surtidor de combustible, los robos con violencia o sin ella desafían a las estadísticas del Gobernador Scioli y su Ministro de Seguridad y nuestras pésimas rutas se cobran víctimas diarias por decenas.
Como única nota de esperanza registro cada día más ciudadanos que se acercan con el planteo de la necesidad de pensar en un futuro gobierno con planes y proyectos, espíritu de consenso, rechazo al revanchismo y voluntad para reconstruir una Argentina que el terremoto kirchnerista sigue devastando mientras sueñan con los límites que la justicia y el Congreso comienzan a poner a los temblores.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.


