INFORME DEL 17 DE ENERO
Queridos amigos:
Cuando un buen comandante debe llevar su buque por aguas riesgosas como un canal, o zonas con bancos o rocas, procura siempre el asesoramiento de navegantes que además de su saber profesional tengan el valor de corregirlo cuando se equivoca o de advertirle que su maniobra es inconveniente. He visto en mi vida profesional cómo ese tipo de actitudes ha evitado graves accidentes o colisiones. Sin embargo, contra toda razonabilidad, hay quienes prefieren rodearse de individuos con personalidades obsecuentes y cobardes. Los primeros, no se preocupan por las consecuencias de los actos sino por halagar al líder para verlo satisfecho. Los segundos, aunque adviertan el peligro, no tienen el valor de expresar sus opiniones y se desentienden de las consecuencias con tal de no contradecir al que manda. Estas personas acompañan al líder a la hora del acierto pero jamás evitarán que se hunda en el error. Cristina Fernández y Néstor Kirchner encarnan a los líderes que valoran más la obediencia ciega que la advertencia salvadora y han comenzado a sufrir las consecuencias.
Es paradójico que los dos funcionarios que han evitado o tratado de evitar los errores más groseros de la administración de la señora presidente hayan sido estigmatizados como sus peores enemigos. Cuando el vicepresidente Cobos evitó con su voto que se aprobara la Resolución 125, terminó con una protesta campesina que tenía a los productores al borde del estallido, a los costados de las rutas y en las plazas y ciudades, con imprevisibles consecuencias. Ese voto en el Congreso permitió aliviar aquel gravísimo e innecesario conflicto sin que fuera el Ejecutivo quien tuviera que dar marcha atrás en su planteo. Si se hubiera aceptado la actitud del vicepresidente como un acto de conciencia todo hubiera terminado bien. Pero al señalarlo como enemigo y caratularlo de traidor, Cobos no sólo fue empujado a la oposición sino que se magnificó su figura y se lo transformó en un oponente poderoso.
En la actual crisis el presidente del Banco Central trató inútilmente de trasmitir los riesgos que aparejaría a la Argentina el uso por decreto de las Reservas para el pago de deuda corriente. Su actitud lo convirtió de un día para otro de fiel funcionario en enemigo acérrimo y en el afán por destruirlo a cualquier costo, el gobierno se enredó en una contienda fenomenal con la Justicia y el Congreso, generó un embargo internacional y comprometió todo el proceso de pago a los deudores, poniendo en riesgo el fundamento de la política económica. Curiosa manera de agradecer a los funcionarios que con toda lealtad pretenden evitar al gobierno y sobretodo al país a quien se deben, las consecuencias de una pésima decisión. El gobierno se ha autocondenado a quedar rodeado de quienes sólo saben aplaudir y obedecer y nadie impedirá que se siga equivocando para mal de todos.Además de esta lamentable consecuencia la crisis en curso ya ha dañado a la economía, ha hecho perder toda credibilidad a la argumentación del gobierno tanto hacia adentro como hacia afuera del país, ha hecho evidente que el gobierno tiene problemas financieros y ha mostrado los límites que le imponen a su voluntad, que pretende ser omnímoda, la paridad de fuerzas en el Congreso y los fallos independientes de algunos jueces. Esto ratifica nuestro pronóstico de que el año del bicentenario será de permanente fricción y conflicto entre un gobierno que comienza a perder poder y una sociedad que ya no se resigna a ser burlada, engañada e ignorada.
Para evitar la adivinación decimos que la salida de esta etapa, de un conflicto que será permanente, surgirá de escenarios con distinta probabilidad de ocurrencia. Una salida sería que la Justicia avalara las posiciones del gobierno y permitiera la expulsión de Redrado y el uso de las reservas. Este escenario es poco probable porque conllevaría cargar en la justicia la responsabilidad de las posteriores consecuencias internacionales en términos de embargos y pérdida de credibilidad al hacer evidente la dependencia del Banco Central del gobierno. Más probable es que se mantenga el “status quo” hasta marzo en que el Congreso tratará los temas de fondo en sus sesiones ordinarias. El llamado a sesiones extraordinarias sería la más apropiada de las opciones, pero el gobierno sólo las convocará si tiene acordada una resolución favorable a sus deseos. Hay vocación en parte de la oposición a apoyar esta salida ante el temor de que el gobierno, sintiéndose acosado, haga movimientos que afecten a la institucionalidad. Queda la posibilidad de la “wild card”, expresión americana que significa literalmente la “carta salvaje” y que se usa para designar una acción sorprendente o inesperada. Por ejemplo se teme que un día el señor Redrado llegue al Banco Central y un par de policías le impidan acceder a su despacho, acción gravísima pero que no escaparía a la lógica brutal que se emplea desde el poder y que ya tuvo su demostración con el acoso a la jueza Sarmiento. Como ven, los escenarios son múltiples y todos ellos conllevan un fuerte desgaste para el gobierno.
Sin embargo, hemos observado con preocupación que un sector de la oposición habla de negociar la salida del presidente del Banco Central de quien se sienten ideológicamente distantes. Lo que deben comprender los legisladores es que lo que está en juego no es la defensa de la persona de Redrado sino de la investidura de su cargo y de la legalidad. La continuidad de Redrado hasta el mes de septiembre no representa un agravio a la figura presidencial sino un tributo al imperio de la ley que tanta falta le hace a la cultura política y social de la Argentina. Si en esta ocasión los principios se imponen a las conveniencias circunstanciales quizás esta crisis y esta confusión puedan dejar al menos un aspecto positivo.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


