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INFORME DEL 27 DE DICIEMBRE

PARADIGMAS DE LA CONTRACULTURA NACIONAL

Queridos amigos:

El hecho político más trascendente de la semana por su valor simbólico fue la renuncia del Ministro de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Abel Posse, que renunció porque los gremios docentes no aceptaban un ministro que pensara políticamente distinto que ellos. Anunciaron que ni siquiera hablarían con el hombre en cuestión y que las clases no comenzarían en fecha, tal como sucede habitualmente por sus reiteradas huelgas, pero ahora  sin posibilidad de negociación. Acompañaron esta postura brutal en términos de intemperancia, organizaciones que se hacen llamar defensoras de los derechos humanos, organizaciones  vagamente identificadas como “sociales” y distintas agrupaciones de izquierda. Nadie defendió con firmeza al flamante Ministro, ni señaló lo tremendo de esta muestra de discriminación ideológica por lo que nunca sabremos si Abel Posse era el hombre capaz de comenzar a revertir la decadencia de la educación porteña.

Este hecho nos lleva a reflexionar a qué nivel hemos llegado en términos de permitir que la intolerancia ideológica y la acción física de los activistas pongan límites al funcionamiento de la sociedad democrática.

Hay ciudadanos que piensan que estas situaciones terminarán cuando Néstor Kirchner pierda las próximas elecciones en las que ya se ha autoproclamado precandidato. Pero nuestra apreciación es que existe un sector de la sociedad que ha creado una contracultura nacional que es la que posibilita estos actos y con la que tendrá que lidiar quien siga a Cristina Fernández en la presidencia de la nación. Esta contracultura tiene sus propios paradigmas algunos de los cuales son:

El paradigma de la transgresión. En la Argentina democrática la libertad se confunde con la transgresión de cualquier norma legal o de convivencia. En el tránsito, en los medios, en la calle, la expresión “a mi nadie me va a decir lo que hay que hacer” o “yo hago lo que quiero”, sintetizan toda una filosofía de vida. Los modelos juveniles son grandes transgresores capaces de destruir sus instrumentos  en un recital o presentarse drogados en público. Los conductores de programas de radio o televisión se expresan frecuentemente en forma soez, pocos respetan los horarios de protección al menor o las velocidades máximas. Un presidente en ejercicio se jactaba de violar las normas camineras en su auto deportivo y un Jefe de Gabinete dejó a una jueza sin fuerza policial para cumplir una sentencia. La norma solo se aplica  sobre quien no puede eludir cumplirla pero hay quien acampa en medio de la calle o corta un puente durante años con total impunidad. La transgresión se va imponiendo como estilo de vida y ya no sorprende ni genera reacción.

El paradigma de la acción directa. A los ciudadanos de la cultura nacional y constitucional  hay que incentivarlos para que participen de la vida democrática más allá del ejercicio electoral. Para ello existen mecanismos como el defensor del pueblo, las asociaciones de defensa del consumidor, el ejercicio pleno de sus derechos por vía judicial, la participación en partidos políticos, la comunicación con sus representantes legisladores o la recolección de firmas para presentar o repudiar proyectos. Para los cultores de la contracultura la democracia participativa se ejercita en la calle, a través de la acción directa, con procedimientos como el “escrache”, el corte de calles y rutas,  la toma de edificios públicos, el ataque físico a los opositores, el bloqueo y toma de empresas, el insulto, el agravio y ahora ya incorporamos el forzamiento de renuncias preventivas. Comenzaron los grupos de izquierda y los legendarios “piqueteros” pero hoy ya podemos decir que   este paradigma ha calado en casi todos los grupos sociales que entienden que no hay otra forma de hacerse escuchar y que sean atendidos sus reclamos, sea por la instalación de una fábrica en el país de enfrente, porque quieren su autonomía como en Lezama o porque se inundó la calle. El método resulta eficaz y goza de  impunidad. Marchamos a que este inconcebible rasgo cultural llegue en algún momento a paralizarnos e impedirnos convivir en sociedad.

El paradigma de la inversión de valores. La contracultura se ha empeñado en demostrar que todo lo  que considerábamos bueno y digno era en realidad despreciable y viceversa. El ataque contra la Iglesia, las Fuerzas Armadas y la autoridad policial es constante y sistemático. Hombres que contribuyeron a hacer la Argentina como Roca  y Sarmiento son escarnecidos. El policía que abate un delincuente es “gatillo fácil”, el ciudadano que se defiende eficazmente de un criminal es un “justiciero”. El delincuente es una víctima social, el drogadicto no es un vicioso,  los terroristas que asolaron la sociedad hace treinta años no eran criminales sino jóvenes idealistas y criminales como el “Che” Guevara son modelos sociales. La inversión de valores abarca todos los órdenes y los ámbitos y el que se atreve a opinar distinto, como el señor Posse, es implacablemente estigmatizado.

En las ciencias sociales se dice que un epifenómeno es un fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia en él. Desde esta definición podemos decir que Néstor Kirchner es un epifenómeno de la contracultura argentina. Supo interpretarla  y montarse en ella  lo que explica que con su escaso caudal electoral inicial lograra un control del poder tan profundo. Kirchner apoyó económicamente a los grupos contraculturales, les otorgó impunidad y acercó a algunos de sus representantes a la periferia del poder. Pero la contracultura estaba antes de que Kirchner llegara y continuará después de que se haya marchado.

 Por eso la opción de hierro que enfrentará el próximo gobierno será enfrentar a la contracultura  y volver a la Argentina de la cultura nacional, constitucional y democrática o ceder a los nuevos paradigmas de transgresión, acción directa e inversión de valores, para mantener una precaria paz social a cambio de cabezas de funcionarios, subsidios e impunidad.

Hago votos para que todos los que tengan alguna posibilidad de comunicar, desde la política, los medios, el aula o simplemente con sus hijos en el seno del hogar, reciban el 2010 trabajando para restaurar nuestra auténtica cultura nacional y crear el suelo psicosocial favorable para que el próximo gobierno pueda hacer retornar a la Argentina a sus verdaderos valores religiosos, democráticos y morales.

 

Un abrazo muy fuerte para todos y feliz año 2010.

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.