INFORME DEL 13 DE DICIEMBRE
Queridos amigos:
En la semana que pasó se cumplió el segundo aniversario de la asunción de la señora Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia de la nación. Esta fecha pasó deliberadamente desapercibida porque cualquier balance que el gobierno hiciera no haría sino evidenciar un largo catálogo de fracasos, actos de incompetencia y promesas incumplidas. La señora presidente pagó desde temprano los errores acumulados por el gobierno que la precedió pero nada podía argumentar porque ese gobierno fue ejercido por su marido, quien a su vez la había designado como candidata. Heredó la situación de impago con tenedores privados de bonos de deuda soberana y con el Club de París, lo que le cerró las puertas del crédito internacional. Heredó la relación con Venezuela que nos vincula con un régimen autoritario e intervencionista que estalló con la forma de una valija con 800.000 dólares detectada al entrar clandestinamente al país. Heredó piqueteros afines y hostiles, cortes de rutas internacionales y locales, malas relaciones con importantes sectores de la sociedad, un insostenible sistema de subsidios a los servicios y de sostén de un aparato clientélico electoral.
Heredó muchas cosas malas y logró empeorar a todas ellas además de crear otras tantas. El choque espectacular e innecesario con el campo fue el más sonado pero fue también esta gestión la que se apropió de los fondos de los jubilados, la que impuso una ley de medios que afecta la libertad de prensa y una ley de partidos políticos que busca imponer un anquilosado bipartidismo eterno. Todos estos dislates lograron que a pesar de la trampa del adelantamiento de las elecciones y de las candidaturas testimoniales, el oficialismo perdiera las elecciones de mitad de gobierno y muchas de las leyes citadas se sancionaron después de ese mandato electoral que fue groseramente ignorado. La situación económica empeoró, aumentó la inflación, aumentó la pobreza y lejos de intentar solucionar esos problemas se eligió intervenir el Instituto de Estadísticas y Censos y mentir con las cifras. Se acusa de muchas de estas malas decisiones a Néstor Kirchner pero hay una verdad de Perogrullo. Cualquiera sea el asesor público o íntimo que tenga una autoridad como la Presidente de la Nación, nada la exime de su responsabilidad ni modifica el juicio descalificatorio que merece su gestión porque ella tiene la libertad y el respaldo constitucional para elegir o rechazar cualquier consejo o cualquier presión y es ella quien debe responder por su pésima gestión.
Las voces que se elevan en contra del actual estado de cosas son cada día más sonoras. En el reciente acto que aunó al campo, la industria y la ciudad en el Rosedal se destacó el mensaje del dirigente agropecuario Hugo Biolcati, quien haciendo referencia a los recientes hechos vinculados al tardío hallazgo de la familia Pomar y de otros desastres que suceden en la Provincia de Buenos Aires dijo: “no deberían descabezar a la policía bonaerense, deberían descabezar la gobernación”. Para un observador objetivo fue fácil entender que Biolcati aludió a la responsabilidad que tienen los dirigentes políticos sobre los errores y fracasos que rápidamente derivan en sus funcionarios, preferentemente en aquellos que por su condición de policías no tienen prensa, ni voz, ni autoridades civiles que los defiendan. Con su habitual mala fe el gobierno lo trató de golpista (Aníbal Fernandez), irresponsable (Scioli) y desestabilizador (Balestrini), entre otros epítetos descalificantes. Lo curioso es que también diversos miembros de la oposición lo atacaron diciendo cosas tales como que por no venir de la política el hombre no tiene la capacidad de elegir bien los términos que utiliza. En realidad Biolcati dijo en voz alta lo que los hipócritas piensan y dicen por lo bajo y lo que la ciudadanía piensa y no tiene como decir. Pero la mayoría de los políticos profesionales se sienten aterrados ante cualquier expresión que pueda recordar el Artículo 53 de la Constitución que señala a los funcionarios que pueden ser acusados por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones y el Artículo 60 que dice que pueden ser destituidos por esa causa. En general estos políticos saben cómo ganar elecciones y qué decir para ubicarse bien en las encuestas pero no tienen ni idea de cómo conducir el país o una provincia como Buenos Aires, ni de cómo solucionar los problemas que acucian a los ciudadanos. En su mentalidad mezquina especulan con que al cabo de dos años de terrible desgaste de los Kirchner (y del país) les quedará allanado el camino para acceder al poder y disfrutar de sus mieles, con superpoderes y control de la prensa incluidos. Por eso la franqueza de Biolcati o las crudas afirmaciones de Abel Posse, el nuevo Ministro de Educación porteño, les chocan al desnudar su hipocresía y la falta de coherencia entre sus habituales diatribas apocalípticas y su miedo cuando se habla de enfrentar las responsabilidades de los actos de gobierno. En la misma línea se debe anotar la obsesión del gobierno argentino de llevar como bandera a todos los foros internacionales el desconocimiento al nuevo gobierno democráticamente elegido de Honduras porque el presidente Zelaya fue previamente destituido por pretender vulnerar la constitución de su país. Es importante entender que son tan constitucionales los artículos que hablan de la elección presidencial (en nuestro caso del 94 al 98) como los que hablan de su destitución (53,59 y 60), que el Artículo 36 penaliza justa y duramente a los que cometan actos de fuerza contra el orden constitucional así como también a quienes incurran en grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento y que en su Preámbulo reconoce la existencia de Dios invocando su protección y declarándolo fuente de toda razón y justicia. La Constitución es un todo y funciona realmente cuando es cumplida en su totalidad, porque sólo así funciona el sistema de balances y controles que caracteriza a la República y cobran sentido los valores que la inspiraron y que deben ser atendidos en las leyes que reglamentan su ejercicio.
Hacemos votos para que las palabras se moderen pero que prevalezca la acción que impida el desborde de la inseguridad, el desorden y la pobreza a los que nadie atina a combatir entre tanta estéril discusión.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, presidente de Nueva Unión Ciudadana.


