INFORME DEL 6 DE DICIEMBRE
Queridos amigos:
Los titulares de los medios en esta semana estuvieron dominados por un hecho singular: Los distintos sectores de la oposición, que juntos suman muchos más diputados que los del oficialismo, lograron que esa realidad surgida de las últimas elecciones se tradujera parcialmente en la designación de autoridades y en la composición de Comisiones de la Cámara. Lo singular fue que el diputado Néstor Kichner, sus obedientes seguidores y sus aliados de conveniencia, no lograran en esta oportunidad que la voluntad del pueblo fuera desvirtuada una vez más.
No fue porque no lo intentaran. Hubo acuerdos que se aprobaron y se rompieron por la sola voluntad de Kirchner, ausencia de los diputados oficialistas y sus aliados en el recinto hasta que los opositores lograron el quorum propio y una presión permanente de las “barras” adentro y afuera del Congreso. Esta amenaza latente de violencia y ruptura proveniente de los que responden al gobierno y tienen, en consecuencia, la principal responsabilidad de sostener el sistema constitucional, les permitió retener la presidencia de la Cámara, una vicepresidencia, la presidencia de comisiones claves y una composición de las mismas apenas minoritaria. Eso fue resultado del esfuerzo contemporizador de algunos sectores de la oposición y ¿por qué no decirlo? del miedo que infundían las barras en el recinto y los “piqueteros” de DÉlía en los alrededores.
En ese escenario, el hecho que lo que debió ser normal y rutinario obtuviera un trabajoso, parcial y peleado reconocimiento, se vivió como una victoria y hasta algunos sueñan con un reverdecer de las normas republicanas. Pero no será sencillo. La nueva relación de fuerzas en las Cámaras, atenuada por la amenaza de vetos presidenciales anunciada oficialmente por el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, permitirá impedir que continúe la caída institucional y que se sigan imponiendo leyes afrentosas sin discusión ni consenso, pero difícilmente permitirá recuperar valores como la credibilidad del INDEC o la imparcialidad del Consejo de la Magistratura. Sin embargo, al menos ahora tenemos una esperanza. Si usted se pregunta porqué Fernández enunció tan crudamente la estrategia obstaculizadora de la labor del Congreso la respuesta es sencilla. Es para mantener la “sensación de poder” y la capacidad de intimidación, pues esa es la única fuerza que sostiene unidos a los aliados de conveniencia y los “prisioneros de los fondos” de origen federal. En el actual gobierno no hay lealtades a mantener ni valores a defender, más allá del reparto de fondos y los beneficios del poder. Cuando se perciba que esos factores están en extinción la dispersión barrerá al Frente para la Victoria y eso lo saben todos los protagonistas.
Si dejamos los titulares de las primeras páginas y hacemos el ejercicio de leer un diario de atrás hacia delante nos encontraremos con las verdaderas inquietudes de los ciudadanos mientras en el Congreso, oficialismo y opositores disputan entre la “feria del apriete” y la “feria de las vanidades”. Les propongo el ejercicio de releer los títulos de la página 28, de información general, del día sábado 5 de Diciembre, de un diario nada sensacionalista como es La Nación. Allí van: “Asaltaron en San Isidro a la diputada Leguizamón”, “Un chico de 16 años se resistió al robo de su moto y lo mataron”, “Murió un agente baleado”, “Se robaron un patrullero en Tolosa”, “En Derqui marcharon para reclamar seguridad y justicia” “Roban y golpean a una anciana”, “Promete Scioli más policías en las calles”. ¿No es aterrador?. La conclusión que sacamos de esa lectura de hechos, de un día cualquiera, que no es excepcional sino cotidiana, es que nadie está libre de la violencia. Ni funcionarios, ni policías, ni pobres, ni chicos, ni ancianos. Y la autoridad solo atina a proponer como una letanía “más policías en las calles” cuando todo el sistema de valores y control social está en crisis porque desde el mismísimo Congreso la sociedad comprueba que el uso de la fuerza se aplica a un nivel que nos lleva a un retroceso de doscientos años, cuando las cuestiones públicas se resolvían en asonadas a las puertas del Cabildo. No es sin duda esa la forma en que queríamos rememorar el bicentenario pero ese es el ejemplo que baja de las máximas autoridades del gobierno y que luego se extiende por las calles y se muestra a la sociedad.
Entretanto, en la cumbre Iberoamericana celebrada en la bella Lisboa, nuestra Presidente se empeñaba en lograr una unánime condena y desconocimiento para las elecciones que se habían celebrado en Honduras. No compartimos el criterio por el cual la voluntad soberana de un pueblo sea ignorada y se dificulte su salida de una situación institucional irregular. Pero más allá de las opiniones, estamos convencidos que el esfuerzo de nuestra primera mandataria y nuestra Cancillería debería haberse centrado en conseguir la solidaridad del bloque para enfrentar el grave hecho de que la Constitución Europea acaba de sancionarse reconociendo las Islas Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur, además del Sector Antártico Argentino, como territorios de Ultramar de Gran Bretaña. Esta situación fue advertida por diversos grupos preocupados por los intereses argentinos antes de que se produjera y la protesta nacional ha llegado tarde y mal, ante los hechos consumados. Las crónicas hablan que la Presidente mencionó el tema agradeciendo al primer ministro de Portugal el acompañamiento en la búsqueda del diálogo y del derecho a pelear por nuestra soberanía. Pero en realidad era allí en ese foro y con esos protagonistas donde era necesario pelear, con esa dureza que tan innecesariamente se utilizó una y otra vez para fustigar a empresarios, a países desarrollados y a los hermanos hondureños, por nuestros intereses nacionales. Hemos hecho causa común con quienes se rasgaban las vestiduras porque los norteamericanos firmaron un convenio para utilizar cinco bases colombianas con autorización de Colombia y pasamos por los foros latinoamericano e iberoamericanos sin gritar que hay una base extracontinetal, británica, en el Atlántico Sur, con medios militares con poder para arrasarnos. Es hora de que nuestro gobierno deje de poner por delante su ideología y sus ansias de perpetuarse en el poder y que comience a ocuparse de los intereses nacionales y de los verdaderos problemas de la ciudadanía pues es muy difícil llevar adelante un país con esas distorsiones en los auténticos valores y necesidades de los argentinos.
Un abrazo para todos.
Juan Carlos Neves, presidente de Nueva Unión Ciudadana.


