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UNA MIRADA AL MUNDO: AMERICA LATINA

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UNA MIRADA AL MUNDO
AMERICA LATINA

Bajo el nombre de América Latina se incluyen países de habla mayoritariamente hispana y portuguesa con una gran diversidad étnica y cultural. Escribir sobre ellos como un conjunto sólo vale para un momento histórico y con un análisis del contexto político y económico global. Con esas premisas podemos decir que desde el fin de la “guerra fría” la democracia se consolidó como sistema político en toda la región con excepción de la irredenta Cuba de Fidel y Raúl Castro. Ese proceso se vio fortalecido por el crecimiento experimentado en los últimos años en los precios de las materias primas que constituyen la base económica de la mayoría de los países de la región.

Pero la democracia es, en esencia, un sistema político que refleja un fenómeno cultural. Su sustento profundo está en el respeto al derecho, en el predominio de las leyes por la sobre voluntad omnímoda del caudillo y en la capacidad de convivir en espacios de tolerancia que permitan la integración de las mayorías con minorías diversas. La falta de esa tradición cultural en la América Latina de los grandes caudillos, ha encontrado la forma de manifestarse alumbrando sistemas que con las formas de la democracia, tales como el voto periódico y organizado, traicionan y deforman el verdadero espíritu democrático. Se valen para ello del manejo de la prensa para manipular la información, la estatización de la economía, la búsqueda de las reelecciones continuas, la exclusión de las minorías, el empleo de los bienes del Estado para sustentar los proyectos políticos personales, la subordinación de los distintos poderes bajo la presión de un poder central y la confusión entre el Estado y el Gobierno. Por cierto que aun con estas limitaciones se ha progresado desde la América de los golpes de estado o el totalitarismo unipartidario, pero aun queda mucho camino por recorrer y una Cuba afuera del sistema.

ACTOR POR ACTOR

Quizás lo peor que le pasó a la América Latina contemporánea, fue que el país con mayor capacidad financiera por el ingreso de fondos de la exportación del petróleo quedó bajo el control de un líder con sus ojos vueltos al pasado. Hugo Chavez, militar golpista devenido en presidente democrático, que en pleno siglo XXI quiere regresar a formas radicalizadas de socialismo obsoletas y que no sólo se ufana de hacer una revolución desde el poder sino de exportarla. Su influencia contribuyó a radicalizar al indigenismo de Morales en Bolivia, a reforzar la marcha al socialismo de Correa en Ecuador, a apoyar económicamente al régimen con añoranzas setentistas de los Kirchner en Argentina y lo que es más grave, a suministrar apoyo logístico y político a la banda narcoterrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que atentan contra el estado de derecho en ese país.
En contraposición, Brasil sorprendió con la moderación y la interpretación de las claves de la integración en el mundo global del presidente Lula Da Silva, que por provenir de la izquierda gremial hizo temer un cambio violento en el país más grande de la región.
Por encima de los procesos singulares, las claves del futuro de América Latina pasan por saber cual de las dos tendencias en pugna se impondrá en la región. ¿Será la de los países que se integran al mundo global como Brasil, Méjico, Chile y Colombia o será la de los aislacionistas confrontativos y retrógrados de Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia?. Aunque los efectos de las políticas de confrontación interna y externa ya están mostrando sus efectos nocivos en la declinante economía Argentina y en una Bolivia con riesgo de secesión, no está dicha aun la última palabra. El éxito final de cada proceso depende de la capacidad de la ciudadanía para modificar las acciones asfixiantes con actitudes valientes como las que tuvieron los productores agropecuarios argentinos, cuando se pretendió ahogarlos con impuestos confiscatorios. Es fundamental la aparición de líderes que sepan interpretar los desafíos del Siglo XXI que son de carácter científico, económico y ético. La historia humana no es determinística porque puede ser cambiada por la acción del hombre que es impredecible. Por ello esta oportunidad histórica de América Latina de aprovechar la coincidencia de regímenes democráticos con un contexto económico favorable sólo será aprovechada si sus habitantes asumen activamente su rol de ciudadanos.