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DESPENALIZACION DE LA TENENCIA DE DROGA PARA CONSUMO PERSONAL

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DESPENALIZACION DE LA TENENCIA DE DROGA PARA CONSUMO PERSONAL
UN PASO MÁS HACIA LA DESTRUCCIÓN DEL HOMBRE LIBRE Y SUS VALORES

El Gobierno argentino no logró articular una propuesta para que funcione el sector más dinámico de su economía, el campo, luego de más de cien días de protestas y un memorable fracaso para tratar de imponer en el Congreso la aceptación de sus desaforadas retenciones móviles. Sin embargo, parece que para avanzar en el camino de facilitar el consumo de drogas es mucho más eficiente y diligente.

Esto surge de las expresiones del Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos que promete que para Agosto estará listo un proyecto de Ley que avanzará en la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal y aplicará un enfoque diferente hacia el adicto. Esta posición ya ha sido avalada en un discurso de la señora Presidente y cuenta con el sustento de un “Comité Científico Asesor en materia de Control de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja” en el que se cuentan un sociólogo, una psicóloga, una fiscal, tres jueces, una jueza y ningún médico, lo cual resulta curioso dado que se pretende dar al tema de la drogadicción un enfoque netamente sanitario.
Algunas de las contradicciones en la argumentación ministerial son flagrantes. Por ejemplo, el señor ministro se apoya en una encuesta que hizo realizar al INDEC, que presenta porcentajes de adictos a la cocaína y a la marihuana, muy inferiores a la encuesta del SEDRONAR. Basado en esos datos afirma que la Argentina sigue siendo un país de tránsito y no de consumo con lo que resta gravedad y dramatismo al fenómeno de la drogadicción en el país. Sin embargo, luego expresa que la Ley 23.737 que rige en la materia ha resultado un fracaso y que debe ser drásticamente cambiada. La evidente incongruencia entre antecedente y consecuente marca una falla epistemológica en el argumento, lo que lleva a pensar que el gobierno está dispuesto a despenalizar de cualquier manera. Cuenta para ello con el voto de los diputados oficialistas y de algunos miembros de la oposición que, aparentemente, luego de oponerse con mucha fuerza a los designios del ejecutivo en temas sensibles por sus consecuencias económicas, estarían dispuestos a congraciarse apoyando este proyecto de ley en que sólo se juegan la salud, la vida y la libertad del hombre que vive en nuestra sociedad, particularmente de los jóvenes. Esto, huelga aclarar, nos parece una grave inversión de los valores.
NUESTRA VISION
Más allá de las encuestas, los que diariamente caminamos las calles del conurbano y de la ciudad de Buenos Aires, tomamos contacto con la gente que habita en las villas y asentamientos y recogemos los relatos de los trabajadores sociales y de muchos padres preocupados pertenecientes a todos los estratos de la sociedad, sabemos que el fenómeno del avance de la droga es dramático y creciente y que lo que los ciudadanos esperan del Estado es que tome medidas para disminuir la posibilidad del acceso a las drogas y no que la facilite, a través de una legislación pseudo progresista.
También sabemos que cuando se fije la cantidad de droga que el funcionario de turno determine que cubre las necesidades del “consumo personal”, esa será la ración que podrán transportar impunemente los vendedores en la última etapa de la cadena de distribución. Que la acción de la policía se verá aún más desalentada y que el consumo de la droga en público será más desembozado y frecuente, promocionando el hábito entre los jóvenes.
Lo que nosotros proponemos es que el transporte y consumo de droga en la vía pública sea penalizado y que se persiga agresivamente a los grandes traficantes, porque ambas actitudes son coherentes y concomitantes con el fin de disminuir drásticamente el consumo de drogas. Si no se puede erradicar el consumo, al menos hay que lograr que la droga sea tan cara y difícil de conseguir que su uso quede reducido a números insignificantes. Que la Argentina sea evitada por los narcotraficantes por la eficiencia con que son custodiadas sus fronteras y sus pistas de vuelo internas. Que los laboratorios clandestinos no tengan santuarios y que se genere un consenso social entre los jóvenes de que drogarse es algo que los daña y los enajena en su libertad y su dignidad. Estos objetivos perseguidos coordinadamente a través de campañas publicitarias, de la acción de la justicia y las fuerzas policiales y de seguridad, así como del empleo de todos los recursos del Estado, deben ser los que guíen la legislación que se promulgue en materia de consumo de estupefacientes.
Por favor, no nos resignemos al “control de daños”. La droga enferma, esclaviza, impulsa al delito y finalmente mata. No se puede convivir con ella. No se debe dar el falso mensaje de que su existencia y su difusión son inevitables porque mueve grandes capitales y ha conquistado un espacio en algunos países. Lo perverso siempre será perverso y cuanto más luchemos contra ello mejores posibilidades tenemos de triunfar.
Así pues, todos los que no recordamos que en la campaña electoral el actual Gobierno incluyera en su plataforma el tema de la despenalización, tenemos el derecho y la obligación de hacer saber a nuestros diputados y senadores nuestra opinión en este tema que ha sido introducido sin aviso previo en la agenda de políticas públicas. Igual que salimos a la calle y nos dirigimos a nuestros representantes para expresar nuestra opinión a favor del campo, aun cuando algunos no tenían ni un pequeño jardín, ahora tenemos que hacerlo porque todos tenemos hijos, hermanos y amigos que defender de esta cultura de la droga y el fatalismo, que nos quieren imponer.