El Hombre del mes
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El Hombre del mes
La derrota de Cristina Fernández desata pasiones en Buenos Aires

El vice-presidente de la nación Argentina
Julio Cobos, el hombre encargado de deshacer el empate en el Senado de la Nación y de esa manera frustrar la llamada 125
La crisis de la soja llegó a su fin en una de las más largas madrugadas de Buenos Aires con un resultado sorprendente. Julio Cobos, el dirigente escogido de forma maquiavélica por Néstor Kirchner para tumbar a la oposición y llevar a su esposa, Cristina Fernández, a la Presidencia de la Nación, y que en la madrugada del jueves 17 de julio, después de 18 horas de sesión en el senado, con el final de “que la historia me juzgue” se convirtió en el verdugo político de ambos.
En el camino quedaron muchos cadáveres políticos. Entre ellos el de Martín Lousteau, el ministro de Economía más joven que ha tenido la República Argentina. También fue un contundente golpe al prestigio de Néstor Kirchner, el ex presidente que actuó en esta crisis de manera terriblemente torpe y vengativa.
Desde que comenzó el conflicto sobre la soja, la joya más preciada de las exportaciones del país, se desató una agria disputa entre el campo y la Casa Rosada. Voces prudentes aconsejaron a Cristina Fernández apagar el primer fuego de la enorme Pampa. Pero… no lo hizo, por lo que ahora se abren interrogantes de peso. Los dos fundamentales se centran en los efectos sobre la relación personal y política con su marido y en su actitud ante los líderes agrarios, agrupados en la llamada Mesa de Enlace.
La crisis tumbó con un KO Técnico, bien a lo Monzón, a la presidenta por su número dos, Julio Cobos, quien deshizo el empate en el Senado sobre la subida de impuestos a la soja. Pero a la vez mostró desnudo a quien actúa de “emperador en la sombra”, el ex presidente Néstor Kircher, un político deslenguado que convirtió el ejercicio de la política en lo más parecido a una noche de casino de fuertes apuestas a todo o nada. No olviden que en esta crisis tachó de golpistas a quienes han convertido a la soja en el principal rubro (nada menos que el 36%) de las exportaciones argentinas.
La noche en la que el campo derrotó a Cristina Fernández dejó también en la escena de Buenos Aires la lección de que los pactos políticos están para cumplirse. Cristina Fernández logró una amplia victoria en las presidenciales no como candidata justicialista sino liderando la coalición Frente para la Victoria.
Se trataba de una operación de alquimia política en la que se fundía un ala socialista, o de izquierda populista, del Partido Justicialista (aunque de justicialismo, no tenga nada) con una escisión socialdemócrata de la Unión Cívica Radical, los llamados radicales K (radicales de Kirchner). Kirchner pensaba así que movía los hilos de una formación que se convertiría en una especie de poderoso Partido Socialista -similar al socialismo francés o español- triturando de la escena política a derecha e izquierda. Y ese escenario, según calculaba, tendría su colofón con su vuelta al poder después de los años interinos de la gestión de su esposa, Cristina Fernández.
Todo esto es lo que puso patas arriba en una noche de invierno (aunque con temperaturas de verano, quizás por la tensión de la situación política) en Buenos Aires Julio Cobos. Queda por ver ahora, sobre todo, el margen de maniobra y capacidad de una presidenta que dejó en este pulso con el campo argentino buena parte de su crédito político.
Por lo demás, creemos que, “el pueblo jamás olvidará la acción tomada por el vice-presidente” y lo recordará como el hombre que puso sobre la mesa, lo que en verdad tenía que poner.
En el camino quedaron muchos cadáveres políticos. Entre ellos el de Martín Lousteau, el ministro de Economía más joven que ha tenido la República Argentina. También fue un contundente golpe al prestigio de Néstor Kirchner, el ex presidente que actuó en esta crisis de manera terriblemente torpe y vengativa.
Desde que comenzó el conflicto sobre la soja, la joya más preciada de las exportaciones del país, se desató una agria disputa entre el campo y la Casa Rosada. Voces prudentes aconsejaron a Cristina Fernández apagar el primer fuego de la enorme Pampa. Pero… no lo hizo, por lo que ahora se abren interrogantes de peso. Los dos fundamentales se centran en los efectos sobre la relación personal y política con su marido y en su actitud ante los líderes agrarios, agrupados en la llamada Mesa de Enlace.
La crisis tumbó con un KO Técnico, bien a lo Monzón, a la presidenta por su número dos, Julio Cobos, quien deshizo el empate en el Senado sobre la subida de impuestos a la soja. Pero a la vez mostró desnudo a quien actúa de “emperador en la sombra”, el ex presidente Néstor Kircher, un político deslenguado que convirtió el ejercicio de la política en lo más parecido a una noche de casino de fuertes apuestas a todo o nada. No olviden que en esta crisis tachó de golpistas a quienes han convertido a la soja en el principal rubro (nada menos que el 36%) de las exportaciones argentinas.
La noche en la que el campo derrotó a Cristina Fernández dejó también en la escena de Buenos Aires la lección de que los pactos políticos están para cumplirse. Cristina Fernández logró una amplia victoria en las presidenciales no como candidata justicialista sino liderando la coalición Frente para la Victoria.
Se trataba de una operación de alquimia política en la que se fundía un ala socialista, o de izquierda populista, del Partido Justicialista (aunque de justicialismo, no tenga nada) con una escisión socialdemócrata de la Unión Cívica Radical, los llamados radicales K (radicales de Kirchner). Kirchner pensaba así que movía los hilos de una formación que se convertiría en una especie de poderoso Partido Socialista -similar al socialismo francés o español- triturando de la escena política a derecha e izquierda. Y ese escenario, según calculaba, tendría su colofón con su vuelta al poder después de los años interinos de la gestión de su esposa, Cristina Fernández.
Todo esto es lo que puso patas arriba en una noche de invierno (aunque con temperaturas de verano, quizás por la tensión de la situación política) en Buenos Aires Julio Cobos. Queda por ver ahora, sobre todo, el margen de maniobra y capacidad de una presidenta que dejó en este pulso con el campo argentino buena parte de su crédito político.
Por lo demás, creemos que, “el pueblo jamás olvidará la acción tomada por el vice-presidente” y lo recordará como el hombre que puso sobre la mesa, lo que en verdad tenía que poner.


