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LA LIBERACION DE INGRID BETANCOURT POR EL EJERCITO COLOMBIANO

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LA LIBERACION DE INGRID BETANCOURT POR EL EJERCITO COLOMBIANO
O EL MUNDO PUESTO AL DERECHO

En el mes de enero del 2008 el periódico MEGABAIRES (Año 8, Número 217, pg. 6) y algunos sitios de Internet nos publicaron un artículo con la posición de Unión Ciudadana ante el conflicto colombiano bajo el título “Los rehenes de la FARC o la paradoja del mundo al revés”.

En ese artículo criticábamos la actitud de aquellos países y organizaciones que invirtiendo la visión de la realidad trasladaban la presión y la responsabilidad de la vida de los rehenes en el gobierno democrático colombiano antes que en los criminales secuestradores. Nos preguntábamos entonces “¿Porqué no se apoya sin retaceos al gobierno legítimo de Colombia en sus esfuerzos de liberar a sus ciudadanos sin hacer concesiones a los secuestradores?”; y afirmábamos “Es un mundo paradojal el que hace aparecer a las víctimas como victimarios, en que se otorgan fueros y estatus internacional a los secuestradores y en que los Jefes de Estado presionan a sus colegas de naciones víctimas de la violencia para que negocien con los criminales so pena de cargarles con una responsabilidad que sólo corresponde a los que han tomado rehenes inocentes y son por ello, legal y penalmente responsables cualquiera sea la motivación alegada.”
Nos referíamos en nuestra crítica a los gobiernos de Francia y Venezuela, en sus torpes intentos por negociar con la banda criminal de las FARC y al hecho que nuestra diplomacia acompañara esos intentos antes que hacer una firme apuesta y un comprometido apoyo al gobierno democrático colombiano.
Hoy, gracias a la eficaz acción de las fuerzas armadas colombianas guiadas por la firme decisión política de su Gobierno, el mundo del revés ha sido puesto al derecho. Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes fueron liberados por medio de un impecable operativo comando, precedido de acciones de inteligencia llevadas a cabo por agentes encubiertos infiltrados en las filas guerrilleras, que se jugaron la vida y el prestigio político de su gobierno para liberar a las víctimas de las FARC. Según sabemos hoy, estos agentes ya estaban trabajando en su peligrosa tarea de infiltración mientras otros actores internacionales clamaban por un intercambio de rehenes por criminales y acusaban sin fundamento al gobierno colombiano de falta de preocupación por la liberación de los prisioneros.
La acción nos deja diversas enseñanzas y corolarios.
-En primer lugar, negociar con bandas terroristas es siempre un mal negocio e implica una decisión que sólo puede adoptar el país involucrado.
-En una situación en que un gobierno democrático es confrontado por la acción violenta de grupos guerrilleros que buscan subvertir el régimen legal, la comunidad internacional debe manifestarse con un apoyo irrestricto a dicho gobierno y jamás debe prestarse al juego de los criminales (recordemos que el gobierno de Venezuela llegó a proponer darle estatus de beligerantes a las FARC, en medio de su mediación humanitaria).
-Cuando un Estado es atacado violentamente desde afuera o desde adentro, tiene el derecho y el deber de utilizar todos los medios a su alcance para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y el sostén del régimen legal. Las fuerzas armadas y los organismos de inteligencia deben ser utilizados sin prejuicios ideológicos cuando la magnitud de la amenaza lo requiera.
-Las fuerzas armadas y las organizaciones de inteligencia no sólo deben actuar, sino que deben hacerlo en forma eficaz y profesional, tal cual lo hicieron los colombianos, para lo que es esencial pagar el costo de su adiestramiento, sus pertrechos y sus salarios, como una inversión en seguridad y una garantía de eficacia.
-Finalmente queda por alabar el valor político del presidente de Colombia. Todos sabemos cuanto arriesgaba con esta operación y cuanto peso habían puesto sobre sus espaldas las presiones para que no intentara un rescate. Su éxito demuestra que el valor y la dignidad de un estadista están por encima de las mezquindades y los cálculos eleccionarios.
En medio de la alegría por la liberación de los rehenes no dejamos de observar, con sensación de vergüenza ajena, como algunos jefes de estado que se oponían enérgicamente a cualquier operativo militar de rescate y que con su actitud cargaron de presiones el accionar del presidente de Colombia, hoy pretenden subirse al carro de los vencedores y sacarse la foto junto a Ingrid Betancourt. Ella seguiría sin dudas prisionera si el ejército de Colombia no la hubiese liberado cumpliendo las órdenes de Uribe, que es el único al que cabe el mérito político del rescate de los rehenes. Hay incluso presidentes que se ofrecen para una nueva mediación o a ser garantes de un acuerdo de paz para lo cual Colombia ha demostrado largamente que no necesita de terceros.
Digamos como corolario: Colombia ha puesto al derecho un mundo que estaba al revés .Todo lo que tenemos que hacer es admirar la capacidad de su gobierno y de sus fuerzas armadas y dejarlos que sigan haciendo su trabajo hasta liberar al último rehén y encarcelar al último guerrillero sin inútiles ni interesadas interferencias.