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LA VIOLENCIA, ENGENDRA VIOLENCIA

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LA VIOLENCIA, ENGENDRA VIOLENCIA

Los muros y las máscaras que hay que llevar, junto con las mentiras, son la raíz del mal que padece nuestra sociedad (anónimo).

Muros y murallas componen parte de la historia del mundo y de la cual nuestro país, no queda exento nos guste o no y si no, hagamos una mirada a los últimos acontecimientos ocurridos. En otros países hay famosos muros que cayeron, mientras que otros, igualmente famosos, aún siguen erguidos como lo es nuestro caso.
Existen cientos de ellos en nuestro planeta, emblemáticas creaciones humanas que prevalecen en el tiempo, aunque en ocasiones, tan sólo sean parte de un legado en el que nadie repara.
Hablamos de violencia, de la violencia enquistada en nuestro país, donde nadie escapa a la posibilidad de ser víctima de esa violencia, un ejercicio que pone en el tapete a la misma presidenta de la nación, a los Fernández, al ex presidente, a D’Elia, a miembros de la alta sociedad así como a los jóvenes en edad escolar, a niños que golpean a sus congéneres y a sus maestros, a la violencia de los secuestros, a la violencia contra los ancianos. Tenemos también la violencia en el mundo artístico, partiendo de los programas de televisión como es el caso de Tinelli, en uno de los peores programas de la televisión argentina, en las telenovelas, en los noticieros donde lo único que se muestra es la violencia enquistada en la sociedad, la violencia en el deporte, la violencia de los piquetes, de los que cortan calles y rutas, la violencia de la gran mentira del INDEC, la violencia de la mentira, la violencia que sufren las miles de personas que hoy no tienen un techo donde dormir, la violencia del hambre, de los chicos de la calle, de la pornografía infantil, del medio ambiente, de la inseguridad que cada día que transcurre se agiganta, la violencia de un país en el cual a ningún gobernante le importa nada, quizás por que ellos mismos son parte de esa violencia y por último, la violencia de la droga que cada día arrastra a más jóvenes, pero…, como en el cuento de la parrala ¿a quién le importa?.
¿Y las promesas? Bien ¿y usted?
En realidad los muros a los que me refiero son otros. Porque en realidad me gustaría hacerlo sobre paredes sólidas tras las cuales se respaldan quienes no desean afrontar los avatares de una sociedad proclive al desacierto, dando la espalda a una realidad carente de garbo y muy a menudo propensa a la locura o ¿me equivoco?
Es por ello que quienes deciden vivir una vida alejada de compromisos sociales, se refugian tras muros invisibles de insolidaridad. Se esconden detrás de sus murallas sin prestar la más mínima atención a la problemática actual, pensando ilusamente que tras esa sólida protección no tienen de qué preocuparse, cuando la realidad hace que tendríamos que estar más que preocupados.
Pero, también tendríamos que tener en cuenta que, esos invisibles muros también se fomentan en el ámbito eclesial y que contradicen lo que predicaba Jesucristo, esa sensibilidad de la que ÉL era paladín y a la que siempre nos esta invitando: “Venid a mí”, suenan en mis oídos las palabras de nuestro Señor, venid a mí todos, los cargados, los afligidos, los que han perdido la esperanza, lo que olvidaron la fe, a todos nos está diciendo “Venid a mí”, porque solo en él vamos a encontrar respuestas y soluciones a todas las cosas que hoy nos pasa. Pero, no siempre damos ejemplo de la palabra quienes más la defendemos. Contradictoriamente dentro de las iglesias existe un rancio aroma de individualismo que encamina a quienes profesan fe en el autor de la vida, a una religiosidad de la que nada tiene que ver el evangelio.
Los muros alejan, los muros cohíben, nos distancian, hacen que lo cercano se vuelva intangible e imposible de alcanzar. Los muros, son como la violencia, están diseñados para separar y si no recordemos al legendario muro de Berlín.
Cuando una sólida edificación cae, deja un espacio abierto para construir algo nuevo. Hoy los argentinos tenemos que comprometernos a que no se eleven muros a nuestro alrededor, pues ellos nos harán menos cercanos, más propensos al aislamiento hostil, menos propensos al dialogo, menos propensos a sentirnos hermanos, menos propensos a la unidad, a esa unidad a la cual José Hernández nos aconsejaba en su obra: el Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, por que esa es la ley primera”, sí, esa es la ley primera que debemos recordar, pero por sobre todas las cosas ponerlas por obra Ahí está la solución a todos los problemas sociales, mucho más aún si ponemos en práctica el segundo mandamiento de la ley de Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”; que distinto sería el mundo si cada uno de sus habitantes pusiera en práctica este mandamiento.
Hagamos sonar las bocinas del compromiso y hagamos que sólidas murallas de indiferencia caigan al sonido de nuestro unánime grito de amor y libertad. Puede que sólo seamos unos pocos los soñadores empeñados en cambiar lo existente, pero nuestra acción social y nuestro compromiso, sazonado siempre con el amor de Dios, serán una buena panacea para paliar el dolor que padece la Argentina, pero que, también es parte de los sucesos de este mundo.
Por ello, como parte de esos soñadores, queremos invitar a los miembros de buena voluntad de nuestra comunidad lanusense, sin distingo de credo religioso, porque este no es un problema de religiosidad sectaria, sino que nos sucede a todos, a participar todo primer miércoles de cada mes, a reunirnos como ciudadanos que buscamos el cambio; la cita es en el centro de la Plaza de Villa Obrera, Avda. Eva Perón (ex Caaguazu) entre Pergamino y Luján; Lanús Este, Tel. 4247-4972 – Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Hasta el próximo mes, con la esperanza puesta en nuestro Señor de que, la Argentina recupere su destino de nación próspera, justa, libre y soberana.