CONFRONTACION, CONTRADICCION Y SINRAZON
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CONFRONTACION, CONTRADICCION Y SINRAZON
CON EL CAMPO COMO OPONENTE Y LA DOMINACION COMO OBJETIVO
Luego de escuchar en días sucesivos, dos discursos presidenciales por cadena nacional, una conferencia de prensa del ex primer mandatario y actual presidente del partido justicialista, ver una concentración oficialista en la Plaza de Mayo y todo ello con explícitas menciones a supuestas amenazas a la Constitución y la democracia, la sensación que se percibe en la sociedad es simplemente de desconcierto y agobio.Si analizamos el problema que motiva toda esta crisis con rigor cartesiano no existen mayores problemas de interpretación. El Gobierno impuso un impuesto a las exportaciones de granos que alcanza valores considerados confiscatorios de acuerdo a la jurisprudencia existente. Ese impuesto, además lo declaró móvil y creciente en caso de aumentar el valor del producto con lo que comprometió la rentabilidad presente y la rentabilidad futura.
Esa determinación inconsulta e inesperada generó otros factores de inquietud y molestia, a saber:
- Afecta en mayor medida a los pequeños productores.
- Se suma a otros problemas del sector agropecuario como el de las exportaciones de trigo y carne.
- Despierta recelos porque no es coparticipada con las provincias en donde se cultivan los granos.
- No fue dispuesta por el Congreso quien tiene constitucionalmente la atribución de imponer
impuestos.
Pero en esencia, a nadie escapa que el eje de la discusión se centra en la magnitud del impuesto aplicado ya que hasta el momento de la modificación de las retenciones no se discutía su vigencia ni su monto y los temas colaterales no habían generado acciones directas.
El Gobierno comienza esbozando la curiosa teoría de que no debe discutir el tema retenciones con el campo porque un Gobierno que es un todo, no discute sus políticas con las partes o sectores. Este sería un argumento sólido si se estuviera tratando una política pública tal como la deuda externa o una norma de seguridad, pero como aquí se trata de meterle la mano en el bolsillo a un sector es obvio que ese sector es parte en cualquier discusión al respecto. Imaginemos tan sólo que el Gobierno decidiera reducir en un 44% los ingresos del personal estatal o de cualquier sector, para disminuir el déficit y pretendiera no discutirlo amparándose en que sus decisiones políticas no se cuestionan.
Desbordado por la realidad y la firmeza de la protesta que motivó con su intemperancia, el Gobierno se abocó a tratar los factores colaterales tales como, prometer la devolución de lo que era suyo a los pequeños productores, arreglar en parte las trabas que había impuesto a las exportaciones de trigo y carne, explicar el destino que pretende dar a la renta en disputa y ahora como golpe final, busca la ratificación parlamentaria de las retenciones confiscatorias. Pero todas estas acciones ignoran el meollo del problema y el interlocutor válido, porque el problema es la magnitud de las retenciones y los interlocutores válidos son los productores a los que dichas retenciones se aplican y todo lo demás, son acciones dilatorias y distractivas que no pueden solucionar el problema de fondo.
Entonces no se puede menos que pensar que el gobierno no desea solucionar el problema y que lo utiliza para exponer en términos dramáticos sus teorías conspirativas de supuestas amenazas de golpes de estado, que tienen por fin último asegurarse poder disponer a su antojo de los bienes y la renta de los sectores productivos. Así lo expuso crudamente Nestor Kirchner, apelando a la confrontación entre grupos sociales como idea fuerza. En forma más sutil pero no menos clara la señora presidente utilizó el marco de un acto en que se recordaron las víctimas caídas en un golpe de estado para establecer comparaciones con los productores agropecuarios que simplemente reclaman para que no les quiten tanto de lo suyo. Finalmente en tono épico y con el marco de una plaza de seguidores, la presidente dejó como conclusión que quien protesta porque le quitan su renta es un egoísta que no desea que el resto de sus conciudadanos puedan poner comida en su mesa.
Estos argumentos reflejan una visión parcial y autoritaria propia de quienes utilizan una retórica falaz, para eliminar la ineludible oposición que su afán de dominio genera. Si esta visión no se modifica será muy difícil alcanzar las soluciones y los consensos que permitan superar no sólo la crisis con el campo sino el funcionamiento pleno de la democracia en el marco de un desarrollo sostenido al que todos aspiramos y que vemos cada día más lejano por los agobiantes errores gubernamentales.


