Sinceridad y Coherencia. ¿Son posibles en la política Argentina del 2007?
| Articulos |
Sinceridad y Coherencia. ¿Son posibles en la política Argentina del 2007?
En el marco de la campaña a Jefe de Gobierno por la ciudad de Buenos Aires, asistí a un reportaje al Ministro Ginés Gonzalez García , devenido en candidato a Diputado por la ciudad. Preguntado acerca de su posición acerca del aborto, el candidato manifestó que no era un tema para discutir en la campaña sino para hacerlo después, en el ámbito de la Legislatura.
Pocas veces escuché una manifestación más clara, desenfadada y brutal, del desprecio que sienten muchos políticos por el derecho de los ciudadanos a conocer las opiniones y las posturas de los candidatos que aspiran a ser sus representantes. Ocultar o no manifestar las posiciones que adoptarán en las votaciones en los cuerpos legislativos o en los cargos de gestión, es una forma de no perder los votos de los que piensan distinto y después tener libertad de acción para hacer lo que quieren sin enfrentar reclamos. O, como sucede frecuentemente, hacer lo que el caudillo de turno les ordena, transformando así la voluntad de un hombre en las pautas legales que regirán a la sociedad en su conjunto. De esta manera espuria se presiona por imponer el aborto, por despenalizar el consumo de drogas o se implementa una Ley de Educación Sexual que no contempla los valores y las opiniones de una mayoría de padres respecto de lo que en esa materia desean trasmitir a sus hijos.
Negar al representado el conocimiento de las posturas del aspirante a representante puede ser políticamente muy hábil pero constituye sin duda un pecado de falta de sinceridad política. El sistema democrático debería asegurar que cada candidato expresara claramente su posición en los temas de interés social y luego exigirle legalmente el cumplimiento de sus promesas.
En lo personal y como precandidato a Diputado Nacional, doy el ejemplo manifestando que, si soy elegido, representaré a los que creen en la defensa de la vida desde la concepción, a los que se oponen frontalmente a cualquier forma de legalización de la droga y a los que defienden su derecho a educar sexualmente a sus hijos conforme a sus valores familiares, sin interferencia del Estado.
Otro aspecto especialmente preocupante en esta campaña es observar la falta de coherencia política que lleva a que el ciudadano pierda totalmente la noción de a qué línea de pensamiento político responden los que se ofrecen como candidatos. Detrás de una misma figura podemos encontrar a los que defienden al gobierno nacional y a los que lo atacan amargamente. A los que se manifiestan de centroizquierda y también a los de centroderecha. Todo parece valer a la hora de sumar voluntades cuando en realidad sólo se suma confusión, hasta un punto en que la disputa de ideas que debería ser la esencia de la campaña se reduce a un mero enfrentamiento de individuos y los único competidores reales son los que, desde la oscuridad, diseñan las “estrategias de campaña”.
Recuerdo que en el mes de marzo la conducción de Unión por Todos, partido al que presidía en la Provincia de Buenos Aires, nos comunicó la conformación de una coalición nacional con la fundadora del ARI. Dada la diferencia de valores existente entre esta línea política de centroizquierda y nuestros principios fundacionales planteamos la necesidad de mantenernos ajenos a esa coalición pero se nos respondió con una opción de hierro: sumisión o cambio de nombre. Votamos el cambio de nombre por el de Partido Unión Ciudadana y empezamos de nuevo, sacrificando ventajas políticas y un largo trabajo de instalación. Pero manteniendo la coherencia.
Esta anécdota, constituye un pequeño ejemplo de que se puede. Se puede ser coherente aunque cueste. Se puede se sincero aunque se pierda el voto de los que desean una representación distinta de la que podemos ofrecerle. Se puede, en síntesis, hacer política con sinceridad para con el ciudadano y coherencia en las actitudes, porque creemos que aunque en el corto plazo se pueden escapar oportunidades, en el largo plazo es la única manera de recobrar la confianza perdida en las instituciones y en el futuro de la Argentina deseada.
Mayo del 2007
Juan Carlos Neves, Presidente de Unión Ciudadana (ex Unión por Todos), Provincia de Buenos Aires.


