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INFORME DEL 29 DE ENERO

                                                                                      APARIENCIAS

                                      (o el caso de la gelatina que no cuajaba)

Queridos amigos:

Es notable el modo en que pequeños hechos, que parecen baladíes, nos muestran grandes universos ocultos si  se los analiza con detenimiento.

Hace pocos días, siguiendo una rutina que repito desde hace años, disolví el contenido de un sobre de gelatina en medio litro de agua hirviendo, le agregue otro medio litro de agua fría y lo llevé a la heladera para que cuajara. Pero sorprendentemente no cuajó. Intrigado, estudié los pasos del proceso y encontré la respuesta en el envase rescatado de la bolsa de residuos. Aunque dicho envase era igual a sus antecesores y tenía el mismo precio, las instrucciones indicaban que el contenido debía ser mezclado con 600 centímetros cúbicos de agua y no con un litro porque, obviamente, contenía un cuarenta por ciento menos de producto y en consecuencia el exceso de líquido le había impedido cuajar. De esta forma, brindando menos producto por  el mismo precio, sin modificar el envase, se aumentaba el costo de una manera encubierta y engañosa.

Consultada mi “etxekoandre” (o sea mi vascuence señora de la casa) me aleccionó que esta modalidad no era inusual sino harto frecuente y extendida a todo tipo de productos. Ampliando mi investigación a otros entendidos, me hicieron saber que esta forma de aumentos encubiertos era, si no alentada, al menos tolerada por el gobierno que no la denunciaba ni criticaba. En línea con la intervención del INDEC y la persecución a las consultoras privadas para el gobierno lo importante no era  que los precios aumentaran sino negarlo o disimularlo de modo que se instalara una apariencia de estabilidad.

 

El esfuerzo por mantenernos inmersos en un mundo de apariencias que nos hace dudar de nuestro buen juicio no es exclusivo del nivel nacional. En la Provincia de Buenos Aires, donde los impuestos y tasas han subido en promedios del cincuenta por ciento superando los índices inflacionarios falsos y verdaderos, hemos visto imponentes espectáculos en los lugares de veraneo, con los  más populares y bien pagados artistas, financiados por el erario provincial. El gobernador Scioli se permite poner su nombre en los escenarios, ocupar junto a su esposa  un lugar tomado por las cámaras de televisión, hacer “presentes” a los artistas y disfrutar de su agradecimiento público.  Todo el espectáculo se tiñe del color naranja de la escudería del gobernador que también acompaña las lluvias de papelitos y el cotillón. Buenos Aires tiene la apariencia de una provincia próspera  y feliz que no se condice en absoluto con su déficit presupuestario y la falta de recursos para responder a las demandas de los maestros, brindar buenos servicios o frenar la ola criminal que nos asuela. Hoy se habla con naturalidad del “cuádruple crimen de  tal lugar”  o del “triple crimen de tal otro”, de la muerte de varios policías o de la crueldad con que se balea a un niño o a cualquier otro inocente en un asalto,  con una insensibilidad a la que nos ha llevado la frecuencia de estos hechos aberrantes. Todo está bien, estamos trabajando, solo atina a decir el gobernador ante cada crimen que se torna mediático. La responsable de la seguridad a nivel nacional ni siquiera dice algo  y encima contribuye permanentemente a la confusión general con actos  de carácter eminentemente político como fue anunciar la quita de custodia federal a los subterráneos en forma  abrupta e inconsulta.

 

Hay sin embargo una buena noticia y es que este mundo de apariencias ha comenzado a resquebrajarse, en la medida en que el oficialismo ya no puede sostener todas las ficciones y comienza a dar razón a muchas de las observaciones que, al igual que otros analistas, veníamos haciendo a las políticas gubernamentales. Eso sí, siempre se incorpora al discurso oficial un estudiado y refinado recurso para no llamar a las cosas por su nombre.

El Ministro Tomada, por ejemplo, ha dicho que las acciones y amenazas del gremio de los camioneros constituyen un “apriete” pero solo en la medida en que están  dirigidas contra el gobierno ya que ha sido insensible a las denuncias de las empresas periodísticas  que fueron bloqueadas por camiones  o los conflictos dirigidos a cambiar de afiliación a los trabajadores de diversas empresas. El ministro  De Vido y el vicepresidente Boudou, han denunciado a las empresas petroleras por vender el gasoil subsidiado a las empresas de transporte a precios superiores al surtidor y la señora presidente ha acusado a diversos  sectores de no sumarse a las denuncias de tales prácticas. Este parece un resonante caso de sordera ya que hace años que  periodistas y opositores venimos señalando las distorsiones al mercado que producían los subsidios indiscriminados. Nos apresuramos a enunciar, para acelerar el “descubrimiento” oficial, que las empresas concesionarias de los ferrocarriles no se preocupan por cobrar el boleto, lo cual requiere de una cierta organización, ya que su mayor ingreso proviene de los insensatos subsidios, que se malgastan la electricidad, el gas y el agua subsidiados y que el sistema en su conjunto, permite todo tipo de irregularidades. Lo que nos preocupa es que el enorme costo que recaerá sobre los usuarios ante la imposibilidad de continuar con la economía subsidiada pretenda ser disimulado con maniobras de distracción tales como promover renuncias voluntarias,  incitar a  una adquisición masiva de la tarjeta SUBE, que brilla por su ausencia en todas las sucursales del correo, o llenar de acusaciones a quienes siguieron las pautas de un populismo suicida que tenía por objeto dar apariencia de prosperidad a un país cuya situación económica requiere de austeridad, esfuerzo y trabajo antes que de absurdas expresiones triunfalistas y venta de fórmulas  mágicas en los foros internacionales.

 

El punto más alto de este esfuerzo por aparentar y disimular la naturaleza de las cosas fue sin dudas el discurso con que la señora presidente retomó sus funciones públicas. Formó parte de esa política llamar “sintonía fina” al ajuste o decir que “se acabó la avivada” al mencionar las distorsiones producidas por el sistema de subsidios que su gobierno consagró y mantuvo, contra toda lógica económica, como política  oficial. Sin embargo, hubo hechos aun más significativos como la supuesta intención de activar la recuperación de Malvinas que han comenzado a tomar la forma de una maniobra de apariencias carente de verdadera voluntad política. La señora presidente señaló en su discurso que no iba a contestar los exabruptos del Ministro Cameron que llamó colonialista a la Argentina. Además, ha retirado de la agenda la posibilidad de impedir los vuelos a Malvinas efectuados desde Chile y designado como embajadora en  Gran Bretaña a  la señora Alicia Castro, que no pertenece a la carrera diplomática ni acredita una formación en ese ámbito como para llevar  adelante negociaciones con la muy profesional diplomacia británica. Peor aun, la señora presidente eligió este momento de incremento del litigio para anunciar que quitará la condición de secreto de estado al “informe Rattenbach”.  

Ese informe, redactado por una comisión encabezada por el General Benjamín Rattenbach después de la batallas por Malvinas de 1982, no es un análisis político ni se centra en denuncias a delitos vinculados a los derechos humanos. Su objetivo fue analizar las acciones militares y como tal, debieron surgir de dicho estudio fallas y vulnerabilidades de nuestro sistema de defensa que resulta de todas formas impropio poner  en conocimiento de

eventuales oponentes  o de potenciales aliados cuando aun no ha transcurrido un tiempo suficiente  ni ha habido cambios sustanciales que permitieran superar dichas fallas. El secreto de estado no se impone en documentos de esa naturaleza por razones políticas sino por razones de seguridad por lo que a la inoportunidad del momento se suma la imprudencia de divulgar tal información. Recomendamos enfáticamente por consiguiente revisar esta  decisión.

 

En un tema menos grave, recordamos que en nuestro Informe del 8 de Enero decíamos respecto de la operación presidencial de tiroides que si nadie reclamaba la beatificación por haber obrado un milagro estábamos ante un error monumental de diagnóstico o un manejo irresponsable de la información. Pues bien, nuestra sorpresa fue grande cuando la señora presidente habló de “un milagro” y nos sumió en el estupor. Convengamos en que si queremos tratar con seriedad cuestiones de esta naturaleza este tipo de expresiones no ayuda. Solo faltaría después de haber mencionado al difunto  Néstor Kirchner como a una deidad con el pronombre “él” que se le atribuya un primer milagro lo que permitiría su beatificación. Dado que los beatos son propuestos para ser imitados, venerados e invocados el asunto tiene connotaciones inusitadas. Ya en el siglo V, en Bizancio, hubo una corriente cristiana llamada “el nestorianismo” pero fue declarada herética por el Concilio de Éfeso en el año 431. Esperamos que toda esta línea esotérica con milagros e invocaciones incluidos, no pase de ser una forma dar una apariencia mística a todos los errores cometidos en ocasión de la enfermedad presidencial.

 

Dejamos para el cierre de este informe el tema de la reforma constitucional instalado en la agenda política por el señor vicepresidente por lo que no podemos menos que atribuirlo al gobierno mismo. Manifestamos nuestra total oposición ya que nuestra Constitución fue reformada el 1994 y aun ni siquiera han terminado de promulgarse las leyes que reglamentan su ejercicio. Hoy no tenemos otra motivación para la reforma que el espurio deseo de permitir la posibilidad de nuevas re elecciones a quien no está habilitada para ello. Sin embargo, debemos aclarar que la reforma constitucional no depende  de su necesidad o del debate. Si el oficialismo alcanza los dos tercios en ambas Cámaras después de la elección del 2013 la impondrá sin atender razones ni contradicciones. Será el pueblo quien decidirá con su voto esta cuestión pero es nuestra obligación informarle de las consecuencias que entrañará dicho voto sin atender a engaños, eufemismos ni apariencias.

 

El mensaje positivo es que quienes supimos ver entre las apariencias los errores que cometía el gobierno y que ahora comienzan a surgir, también sabemos como solucionarlos  y esperamos la oportunidad política de poder hacerlo en el marco de la democracia constitucional.

Un abrazo para todos.

 

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.

www.nuevaunionciudadana.org

 

 

 

 

INFORME DEL 22 DE ENERO

ACERCA DE ERRORES,VARADURAS Y NAUFRAGIOS

Queridos amigos:

Disponer de cartas electrónicas, posición satelital, sofisticados sensores y todo tipo de dispositivos y avances tecnológicos no impidió que el maravilloso crucero Costa Concordia, de casi 300 metros de eslora (largo) y más de cien mil toneladas de desplazamiento, terminara varando y naufragando tristemente en medio de unas de las rutas náuticas más conocidas y transitadas del mar. La explicación más simple para esta insólita situación, expresada con tono grave y dramático por una de las autoridades de la compañía, fue que se trató de un “error humano” dicho como quien hace referencia a algo imprevisible  y alejado de la responsabilidad institucional. Sin embargo, el “error humano” es  un hecho siempre posible, probable y por  lo tanto factible de ser evitado o minimizado en su acaecimiento y consecuencias.

 

El sabio Aristóteles (-384 a -322 A.C.) señalaba como rasgo distintivo de la especie humana su capacidad de razonar con su recordada cita “el hombre es un animal racional”. Siglos después, el filósofo alemán Ernst Cassirer (1874-1945) ponía el énfasis en la singularidad humana de configurar el mundo cultural a través de símbolos propios del lenguaje, el mito, la religión y la ciencia, al decir que “el hombre es un animal simbólico”.  Sin embargo, otra forma de definir al ser humano es destacar que el hombre es un “animal falible”. La falibilidad a la que hacemos alusión no es solamente la que surge de la limitación enunciada por  epistemólogos del nivel de Rand, Popper o Bunge que hacen referencia a las dificultades  humanas para acceder a la verdad sino también a los errores que se producen en la toma de decisiones como consecuencia de fallas en la percepción, el predominio de factores emocionales o distorsiones en el juicio. Cuanto mayor es la capacidad intelectual de la especie  y menor el accionar instintivo, mayor será la posibilidad creativa pero concomitantemente se incrementa la posibilidad de error. Ciertamente, parece que hay menos probabilidad de que una hormiga se desvíe de su ruta al hormiguero, un hornero yerre el proceso en la construcción de su nido o un castor construya su represa en un lugar equivocado a que un profesional entrenado se lance a una ruta de navegación peligrosa por razones que distan de ser técnicas  u operativas para encuadrarse en aspectos meramente afectivos y sociales.

 

Conscientes de esa característica humana, las organizaciones evolucionadas minimizan los riesgos del error individual apelando al trabajo en equipo, a los aportes multidisciplinarios  y a los mecanismos de control. Por su parte, las sociedades modernas han tendido a hacer desaparecer los regímenes unipersonales y han virado a reinados simbólicos con fuertes parlamentos o a sistemas presidenciales con gabinetes ministeriales altamente profesionalizados  y un sistema de balance de poderes con control ciudadano que se expresa a través de los medios de comunicación social, las organizaciones no gubernamentales,  y actualmente, de las llamadas redes sociales que eluden  las intermediaciones.  Toda acción que tienda a debilitar este ejercicio despersonalizado del poder es no solo involutiva sino también fuertemente impulsora de la posibilidad de forzar errores en la toma de decisiones que hacen a la gestión.

 

Esta reflexión viene a cuento porque esta semana en Argentina hemos retrocedido dos largos pasos en nuestra marcha hacia una sociedad democrática, justa y republicana. El primero deriva de la constitución de una mayoría oficialista en la Comisión Bicameral que  tiene por función revisar los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) que promulga el ejecutivo. Lejos de siquiera pretender que existe una disposición a analizar con criterios objetivos y conciencia de división de poderes el accionar presidencial, en la primera reunión la mayoría oficialista avaló cuatro DNU sin mayores cuestionamientos a pesar de que incluían temas tan controversiales como la facultad del gobierno de revisar los adicionales de los sueldos estatales. Este decreto, habilita la modificación de situaciones de larga data por lo que no refiere a urgencia alguna. La única causa presumible para no dar trámite legislativo al tema sería evitar el desgaste político que representarían las críticas de la oposición a una medida que se alinea en cuestiones de ajuste salarial,  fuertemente criticadas por el mismo oficialismo en situaciones anteriores. De este modo, se advierte que el gobierno ha cerrado un esquema que permite sustituir con decretos la tarea legislativa y provocar  atajos aun en cuestiones en que eventualmente podría imponer su mayoría en las Cámaras pero no sin tener que escuchar las voces que representan a un 46 por ciento de la ciudadanía. Esta situación, ha dejado como único límite a los excesos gubernamentales en materia legislativa al accionar de la justicia que como sabemos es funcionalmente lenta  y renuente a interferir en la acción de los otros poderes.

 

Desde el  espacio ciudadano todavía quedan los medios independientes para mantener las conciencias despiertas, señalar los errores y denunciar los hechos sospechosos. Pero estos medios cada día sufren un nuevo embate siendo el más reciente una resolución del Ministerio de Economía que fija cupos a la importación de papel para diarios y completa el control estatal sobre la producción, comercialización e importación de este material. Esta estocada se suma a las variadas presiones ejercidas sobre los diarios Clarín y Nación y la empresa Papel Prensa  a la que llegó a acusarse de haber sido comprada mediante la comisión de delitos de lesa humanidad contra sus anteriores dueños, acusación que no solo no fue probada sino que se apoya en la aplicación retroactiva de figuras delictuales incorporadas con posterioridad  a los hechos aludidos.

 

Convengamos que sin control legislativo de los DNU y con las crecientes limitaciones a la libertad de prensa más la expresa  y notable incapacidad de los ministros para actuar con criterios profesionales sin recibir instrucciones específicas y hasta para hablar ante los medios sin permiso, el barco nacional ha quedado sin resguardos, alternativa, asesoramiento y control, al comando solitario y absoluto. Esto nos aleja de la segura ruta institucional y nos aproxima a las peligrosas aguas del autoritarismo. Los arrecifes están representados por la inflación, la sequía, la situación económica internacional, la convulsión social derivada de expectativas que comienzan a ser insatisfechas y las disputas internas. Nuestra conducción necesita escuchar las voces de alerta que en otras situaciones, como cuando el ex vicepresidente Cobos evitó el desastre de la Resolución 125, han salvado al barco de la varadura aun contra la voluntad de su capitán. Lamentablemente,  esos frenos institucionales y sociales hoy ya no están.

 

En medio de esta marcha tormentosa la sorprendente declaración del Primer Ministro Británico, David Cameron,  de que la Argentina era “colonialista” como respuesta a los justos  reclamos de soberanía sobre Malvinas nos muestra que tenemos vigente un conflicto que no podemos ignorar. Esta declaración es técnicamente incorrecta, históricamente inexacta y racionalmente absurda. Gran Bretaña ha sido la mayor potencia colonial de la historia y Argentina fue ella misma una colonia hasta 1816 y jamás tuvo enclaves coloniales conocidos. Tamaño error, en un dirigente a quien no  le faltan asesores, revela una deliberada intención de irritar y provocar lo cual  funciona como un elemento de distracción  en un reino inmerso en graves problemas económicos  y políticos. Similares circunstancias internas impulsaron las provocaciones de Margaret Tatcher que derivaron en la fase armada de la crisis desatada en 1982. Nuestro gobierno, que por primera vez ha conseguido una medida de apoyo concreta en el ámbito del MERCOSUR al cerrar sus puertos a los buques con bandera de Malvinas, debe ser coherente y tener en cuenta una lección que brindan  miles de años  de experiencia: aunque grande sea el deseo de una de las partes de resolver un conflicto en forma pacífica es imprescindible negociar con un grado de poder militar que disuada a la contraparte de actuar con soberbia e impunidad. Por eso resulta imperioso recomponer racionalmente nuestra capacidad militar y estrechar relaciones con nuestros potenciales aliados. No ayudan a ello las medidas unilaterales adoptadas en materia de comercio exterior, que castigan a brasileños y uruguayos, ni la falta de presupuesto para recuperar capacidades perdidas en nuestras fuerzas armadas. Argentina no tiene una hipótesis de conflicto con Gran Bretaña sino un conflicto en curso y debe asumir que las tensiones aumentarán a medida que nos acerquemos a los 30 años de la histórica gesta del 2  de Abril y prepararse para actuar en consecuencia.

 

Compatriotas, tenemos que hacer escuchar sonoramente las voces ciudadanas, en este como en otros asuntos que aquejan a nuestro país, porque la capitana de la nave nacional necesita desesperadamente buen asesoramiento aunque ella misma no lo advierta.

Un abrazo para todos.

 Juan Carlos Neves, presidente de Nueva Unión Ciudadana.

  

 

 

 

INFORME DEL 15 DE ENERO

                                        LA MALDICION DEL CORTO PLAZO

Queridos amigos:

Hace poco más de una década, en ocasión de organizar un ciclo de conferencias, tuve oportunidad de conversar privadamente con uno de los expositores, economista reputado y con experiencia en la función pública. El hombre me comentó que cada mañana al despertarse lo primero que hacía era consultar el precio de la cotización de la soja en Chicago porque, en su opinión, solo un brusco aumento en el precio de este “commodity” podía sacar a la Argentina de la situación de crisis económica en que estaba inmersa.

Reconozco que me sorprendió que un académico prestigioso del área de las ciencias económicas pensara, ya llegados al siglo XXI, que nuestro país podría “salvarse con una buena cosecha” con la misma lógica elemental que imperaba en nuestra joven nación un centenar de años atrás. Sin embargo fueron efectivamente algunas buenas cosechas, un descomunal aumento del precio de los granos y una brutal devaluación, las que nos permitieron superar parcialmente el “default” y recuperar una cierta normalidad. Obviamente, tan precario fundamento para nuestra aparente prosperidad tiembla, apenas aparecen circunstancias meteorológicas cíclicas e ineludibles, tales como  una falta  o un exceso de lluvias que nos ponen frente al drama de la sequía o de la inundación.

 

Esta reflexión viene a cuento porque llevamos algún tiempo mirando el cielo con preocupación, en medio del hundimiento de economías regionales y quejas de los productores mientras el gobierno se desvela con el cálculo de las retenciones que dejará de cobrar y los dólares que dejarán de ser comprados por el Banco Central.  A pesar de los avances tecnológicos  que han permitido aumentar la magnitud de las cosechas y del trabajo empeñoso de organizaciones gubernamentales como el INTA o privadas como AACREA, la realidad es que nuestra agricultura sigue dependiendo de factores meteorológicos ante los cuales la única opción válida es el rezo con mucha fe.

Duermen en tanto en los estantes proyectos cuya ejecución está en manos de los hombres, más precisamente de los argentinos y particularmente de sus gobernantes, entre los cuales podemos citar como ejemplo la construcción del sistema hidroeléctrico Paraná Medio que ofrece como beneficio adicional a la provisión de  3000 MW de energía y el mejoramiento del transporte fluvial, el control de inundaciones de una vasta cuenca y la recuperación de tierras cultivables. Podemos citar también  el proyecto de canalización del Bermejo, que es un conjunto de obras hidráulicas que además de la provisión de energía, minimizaría las sequías en varias provincias, permitiría el control de inundaciones, incluso las provenientes del Río Salado, y permitiría el regadío de 780.000 Hectáreas que hoy son inaprovechables.

Podemos citar también diversos  proyectos y desarrollos que tienen por objeto el acumulamiento de agua para regadío en forma contra cíclica pero todos ellos tienen el mismo pecado original. Son temas que requieren de un trabajo de mediano o largo plazo, de un planeamiento estratégico y del consenso para constituirse en políticas de estado que les aseguren continuidad. No sirven para el corto plazo, no suman votos para las elecciones dentro de apenas dos años y no entran en las prioridades  de un gobierno cuya mirada no se extiende más allá del horizonte cercano.

 

No corre mejor suerte la producción industrial que sigue dependiendo de la protección del Estado y de los subsidios y prebendas que puede brindarle el gobierno de turno. La reciente medida de la AFIP  de obligar a pedir autorización para importar cualquier producto a partir de febrero, formulada a través de la resolución general 3252, es un nuevo cachetazo a la libertad de comercio  y a la confianza de  los empresarios. Hay que tener en cuenta que sin los bienes intermedios importados que participan en la mayoría de los procesos de las grandes industrias  es imposible producir. Por otra parte, la imposibilidad de importar productos que se producen en el país contribuye a alimentar el proceso inflacionario y genera represalias de nuestros socios y clientes internacionales. Ni qué hablar del respeto a las normas del MERCOSUR que lejos de constituir un Mercado Común es hoy apenas una Unión Aduanera imperfecta y que con estas normas ya ni siquiera cumplirá los requisitos de un Área de Libre Comercio, primer estadio de un proceso integrador que exige la libre circulación de mercancías entre los socios. Aunque aparentemente esta absurda norma apunta a proteger la industria local se sospecha que está inspirada en objetivos de muy corto plazo como es evitar la salida de dólares y es sin duda un factor de desaliento a la producción industrial. Un desarrollo industrial sustentable, como el que  muestran algunos países vecinos,  requiere de reglas de juego estables, incentivos a la competitividad y al desarrollo de  patentes propias, una infraestructura que asegure la provisión energética y una discusión salarial por empresas  que premie la calidad del recurso humano. El resto vendrá de la mano de emprendedores que encuentren un terreno fértil para producir y enriquecer al país  y a su gente mientras se enriquecen ellos mismos, que de eso se trata la actividad empresarial.

 

Se puede coincidir o disentir con estos conceptos pero no caben dudas de que deberían ser parte del núcleo del debate nacional. Lejos de ello, los temas dominantes de la semana política giraron alrededor de si el gobierno engañó deliberadamente a la opinión pública anunciando que la señora presidente tenía un cáncer que luego resultó no ser tal y de las indignadas respuestas de los funcionarios públicos que parece que solo pueden hablar de esa cuestión en ausencia de su fuente generadora de discursos y mensajes que atañen a la problemática nacional. Lo cierto es que una cuestión tan seria y tan dramática como fue la enfermedad presidencial nunca debió ser politizada y la responsabilidad de ese hecho correspondió totalmente al oficialismo. Fue la señora presidente quien personalmente reunió a funcionarios y gobernadores, se plantó frente a las cámaras de televisión y bromeó acerca de su presidencia al congreso de presidentes vencedores del cáncer propuesto por Hugo Chávez, menospreció la investidura del vicepresidente al marcarle límites a lo que podía hacer en su ausencia con un tuteo y un tono propios de un amo a su vasallo o de un patrón de estancia a su capataz. Es la presidente quien nos ha introducido a sus cuestiones personales haciéndonos saber del su  constante recuerdo por su difunto esposo, de su alegría por ser abuela, de su tragedia al perder a su nieto y de que había dejado hasta la salud por trabajar sin descanso. Es imposible que la comunidad política no haga suyas agudezas y suspicacias cuando tanta apelación sentimental, generadora de simpatía  y solidaridad, resulta de pronto infundada por error estadístico o de cualquier otra naturaleza. Una digna discreción y un cuidadoso y profesional manejo de la información hubieran evitado tanto disgusto y descrédito innecesarios.

 

Desde Chaco nos llega la noticia de que su gobernador aprovechó unas horas pagas que tenía que volar el avión de la gobernación para viajar a  Panamá  y realizar una misión oficial en Haiti acompañado por familiares. Como los gobernadores no tienen  a su cargo la política exterior y difícilmente puedan conseguirse empresas y capitales en la  empobrecida Haiti, ese viaje, que fue ocultado a la opinión pública  y al mismísimo vicegobernador, debería ser seriamente escrutado por la justicia. Pero no nos hagamos ilusiones. A la justicia la señora presidente le pidió en su discurso de asunción “una sola cosa”: que terminara antes del 2015 con los juicios a los militares acusados por delitos de lesa humanidad y a juzgar por las modificaciones a los procedimientos que para esos juicios propone el tribunal de Casación, esa es efectivamente su mayor preocupación. El resto, pasando por la brutal inseguridad que atormenta a la ciudadanía y siguiendo por la corrupción que rezuma purulenta por los intersticios por los que puede asomarse la prensa independiente, parece escapar a las urgencias y prioridades.

 

No hay tiempo para preocuparse del mañana. El hoy nos abruma. El corto plazo se impone. No pregunten siquiera como se van a pagar los aumentos de sueldo en marzo a los docentes  ni cuanto es el incremento que sin eufemismos se aplicará a los servicios. La Argentina está de vacaciones, la señora presidente convalece y la maldición del corto plazo nos impide preocuparnos más allá de la semana por venir. Esperamos llegar a ella.

Un abrazo para todos.

 Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


 

 

 

INFORME DEL 8 DE ENERO

EN  DEFENSA DE LA CERTIDUMBRE

 

La muerte violenta del Gobernador Carlos Soria, la operación de la Presidente Cristina Fernández  y la desaparición por tres días del Intendente de Catriel hicieron esta semana que la política Argentina recordara a esas telenovelas prolongadas, que ante la ruptura del contrato o algún evento personal de los protagonistas que los aleja del “la tira”, recurren a  situaciones impensadas creadas de apuro por los guionistas a riesgo de romper la secuencia lógica de la trama en curso.  

 

Se dijo que el gobernador había sufrido un accidente doméstico pero ahora predomina la teoría de  que fue asesinado por su esposa. Disputan el máximo representante político de la provincia y su contraparte judicial, el Presidente del Superior Tribunal de Justicia de Rio Negro, el uno acusando al otro de manejar la información con ligereza  y el otro de que se trata de ocultar dicha información y es probable que ambos tengan razón. Hay amenaza de juicio político luego desechada. Por su parte, el Intendente desaparecido reaparece tres días después sin que aun se sepa con certeza si se alejó por un problema mental o por un asunto personal. Unos le piden la renuncia y otros piden respetar su privacidad. Todo confuso y contradictorio al punto de  afectar la confianza del ciudadano espectador.

Pero lo que sin dudas conlleva la mayor dosis de sorpresa es el desenlace del capítulo de la enfermedad presidencial. Anunciada “clara y valientemente” como un carcinoma de tiroides dio lugar a la solidaridad nacional e internacional, a mostrar la entereza de la señora presidente ante la desgracia y hasta dio para que se postulara jocosamente a competir por la presidencia de un eventual congreso de presidentes vencedores de cáncer, propuesto por  Hugo Chávez, de quien es difícil distinguir la seriedad de la chanza al escuchar algunas de sus teorías conspirativas tales como la habilidad de Estados Unidos  para provocar en sus enemigos ese tipo de enfermedad. Durante la semana, la espectacularidad de la muerte de Carlos Soria le quitó los titulares de los medios a  la internación y la exitosa intervención quirúrgica de la señora presidente, pero el gran guionista nos tenía reservado un desenlace soberbio. El cáncer no era cáncer y todo el contratiempo futuro se reducirá a la  ingesta de una pastilla de  hormona diaria. Telón y final feliz.

 

Ahora bien, si de  las células cancerígenas detectadas en la punción no había rastros en la tiroides extirpada y si ninguno de los fieles militantes  y seguidores de la presidente se presenta postulándose para una beatificación por haber obrado una cura milagrosa, no podemos menos que suponer que se cometió un error monumental en el diagnóstico o un manejo irresponsable de la información como el que inducía al vicegobernador de Río Negro a pedir  un juicio político.

Sin embargo, lo más probable es que todo quede en el alegre festejo por la buena nueva y en un cachetazo más a la credibilidad nacional y a la credulidad ciudadana.

La política en los países serios se puede comparar con una obra clásica en que todos conocen la trama y el final (funcionamiento de acuerdo a la constitución y recambio de autoridades transparente) y en que solo cambian los actores que ejecutan con mayor o menor maestría el rol que les corresponde. En la Argentina actual el paralelo es, en cambio, propio de una telenovela en que los guionistas van adaptando el argumento a lo que el gusto de los espectadores revela en las encuestas  y en los “ratings”, los personajes son elevados o desechados, las situaciones inesperadas son frecuentes y el desenlace es absolutamente incierto ya que ni los mismos autores saben  adonde los conducirá la cambiante trama. Nuestro gobierno es cultor de un género que resulta apasionante por la incertidumbre de las situaciones lo que hace de nuestra historia un escenario maravilloso para los ojos ávidos de los académicos y los intelectuales pero desesperante para quienes debemos desarrollar la vida cotidiana en estas condiciones.

Todo  sería muy distinto si, por ejemplo, la señora presidente en su  discurso de asunción al  ser reelecta hubiera presentado un sólido equipo de ministros y secretarios de estado con capacidad y trayectoria probada y un programa de gobierno con objetivos y metas bien especificadas. Su necesidad de dejar la salud en una tarea incesante y aun la imposición de que nadie se tome vacaciones serían menos dramáticas si se hubieran expuesto ciertas cuestiones claves tales como:

-La normalización del INDEC y la adopción a partir del primero de enero del 2012 de un índice de precios elaborado conforme al asesoramiento internacional solicitado y al trabajo presentado por nuestras prestigiosas universidades.

-Las medidas destinadas a contener una inflación que se ha hecho vertiginosa.

-La contención del gasto público que incluye el estudio de los costos reales de los servicios y el transporte y el aumento gradual de las tarifas para cesar con los subsidios incontrolables que se pagan a las empresas  prestatarias.

-La declaración de la emergencia en el área de la seguridad y la lucha frontal contra la producción, el tráfico y el consumo de drogas acompañada por el anuncio del plan elaborado a tal fin.

-El pago de las sentencias a los jubilados, la ley que regulará el reparto de la publicidad oficial para evitar la subordinación y el castigo de los medios, la modificación de la coparticipación para dejar de endeudar y empobrecer a las provincias y aunque duela, la revisión de la injusta estructura legal con que se persigue selectivamente desde hace años a los militares, policías y miembros de las fuerzas de seguridad que participaron en los enfrentamientos con los terroristas que asolaron la nación y que ahora amenaza extenderse a periodistas, manifestantes y críticos del gobierno en general.

 

La hoja es escasa para anunciar la totalidad de los problemas cuya solución  hubiera sido y es  importante debatir, consensuar y planear. Seguramente quienes leen este informe, sean o no afiliados o adherentes a Nueva Unión Ciudadana,  tendrán sus propias decenas de propuestas. Lo grave de la situación actual es que nadie sabe a que atenerse porque las medidas surgen de una semana para otra, algunas veces son contradictorias y siempre son precedidas de  una presentación falaz que apunta al marketing político y que no guarda relación con los objetivos evidentes que persiguen.

Así de una semana para otra el servicio de subterráneos pasó a ser controlado por la Ciudad Autónoma y aumentó más del 120 por ciento, sin discusión ni atención a los pasos legales que tales situaciones conllevan. Las tarifas del gas aparecen con aumentos que en realidad  serían el fruto de un prorrateo anual del costo del gas importado y todo el esquema de quita de subsidios queda sumergido en una confusión que parece guiada por la infantil pretensión de que el usuario no advierta que, con una denominación u otra, será objeto de un aumento feroz del costo de los servicios.

 

Los argentinos necesitamos certidumbres, necesitamos seriedad, necesitamos imperiosamente poder creer en la sinceridad de los anuncios de las autoridades, en las estadísticas y en los mensajes de nuestros representantes. Necesitamos saber que nuestro salario no será carcomido por la inflación y que no tenemos que salir apresurados a consumir antes de que la disparada de los precios nos deje atrás. Necesitamos poder salir a la calle con la tranquilidad de  un regreso seguro y que podemos descansar sin tener que velar angustiados por el regreso de nuestros hijos y demás seres queridos que no fueron a un frente de batalla sino apenas a una inocente salida nocturna.

Ya que felizmente la señora presidente ha superado su mal trance esperamos que al regresar nos devuelva, al menos, la certidumbre perdida.

Un abrazo para todos

 

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana


 

 

INFORME DEL 1° DE ENERO

                                                             BALANCES  Y ESPERANZAS

Queridos amigos:                                  

El general Balza, embajador político de Argentina en Colombia, será reemplazado por otro embajador político. Se confirma así una tendencia a dejar de lado a diplomáticos de carrera en destinos importantes  para el país en beneficio de designaciones políticamente motivadas.

Esto se suma a los nombramientos políticos en empresas como Aerolíneas Argentinas que necesitaría una conducción muy profesional a juzgar por los nuevos costos fiscales con que fue necesario subsidiarla y en múltiples áreas de la administración pública en que se ha llegado al extremo de nombrar a un ministro de Agricultura que declara su desconocimiento de la problemática del  cargo.

Esta actitud de privilegiar la lealtad política a la idoneidad tiene sus límites. Jamás se ha sabido de un dirigente que nombre  a un político para pilotear el avión con que se transporta ni para hacerse cargo del quirófano en que será operado porque una cosa es jugar con los bienes e intereses nacionales  y otra es poner en riesgo los propios.  Esto ha quedado definitivamente comprobado al observar la elección efectuada por la señora presidente respecto del hospital en que será operada del carcinoma de tiroides anunciado esta semana así como del médico escogido para efectuar dicha operación. El Hospital Universitario Austral, no es un hospital público sino un centro privado de alta calidad creado por la universidad del mismo nombre dirigida por una asociación civil ligada al Opus Dei y el profesional que efectuará la operación no es un joven médico perteneciente a La Cámpora sino un graduado de la Universidad Católica Argentina de Córdoba con prestigio internacional.

 

Estas elecciones merecen nuestro total acuerdo ya que la salud presidencial merece la mejor atención y cuidado. Pero iguales criterios deberían ser adoptados para elegir a los profesionales que conducen cada área del país en que se juegan la seguridad, la defensa, la salud, la educación y la economía de la nación  y de sus habitantes, que hoy son reiteradamente entregadas según la profesión de fe política de los funcionarios y su subordinación sin límite a las órdenes recibidas antes que a sus antecedentes profesionales y a su idoneidad técnica.

 

La natural empatía y el sentimiento de solidaridad que despierta el anuncio de una grave enfermedad que surgió espontáneo cuando el vocero presidencial anunció la operación presidencial se vieron rápidamente puestos a prueba cuando, en su primera aparición pública, la señora presidente hizo gala de su capacidad para aprovechar cada circunstancia para remarcar su control absoluto del poder. Vicepresidente  y Ministros conminados a portarse bien y a no tomar vacaciones, mención a que una persona sola no puede hacer todo aunque trabaje 24 horas y ponga en riesgo su salud y comentarios y retos dirigidos a oponentes reales  o supuestos marcaron que, en la salud o en la enfermedad, la voluntad de poder de la señora presidente  supera a su voluntad de sentido y a cualquier atisbo de búsqueda de consenso y armonía. En el ejercicio de la presidencia Cristina Fernández ha resaltado su condición femenina, su temprana viudez y ahora su inesperada enfermedad para reforzar su posición, acumular poder, victimizarse  y maniatar a sus opositores. Cada circunstancia es objeto de una cuidada puesta en escena que trasmite un mensaje sistemático: no se animen a contradecir al modelo y a quien lo conduce.

 

Aun conscientes de esta utilización poco feliz de la desgracia y las circunstancias personales para hacer política, deseamos que la señora presidente sea operada con todo éxito y se reponga rápidamente  y sin secuelas para poder reasumir su cargo a la brevedad y en plenitud. Este deseo no solo obedece a un elemental sentido de lo humano y de espíritu cristiano  sino a la percepción de que en corto tiempo será necesario utilizar toda la autoridad y la capacidad disponible en el país para solucionar los graves problemas que este gobierno ha creado y que tienden a desbordar, así como a la convicción de que ningún funcionario será capaz de tomar iniciativa alguna hasta que la única fuente de poder esté  en funciones.

 

La necesidad de ajustes ha comenzado a hacerse visible en las provincias con suma crudeza. Los serios disturbios acaecidos en Santa Cruz cuando el gobierno de esa provincia intentó modificar las edades jubilatorias son una muestra de que muchos años de trasmitir el erróneo mensaje de que la justicia social consiste en acumular derechos sin asumir responsabilidades han creado una mentalidad muy difícil de modificar. Similares muestras de intemperancia comienzan a percibirse en los gremios que piden beneficios adicionales a fin de año como preludio de las paritarias que el gobierno pretende pautar sin haber controlado antes a la creciente y negada inflación.

¿Quién sino la señora presidente puede lograr que el INDEC, que fue intervenido por un gobierno de su signo vuelva a ajustarse a normas internacionales de credibilidad? ¿Quién sino ella puede desarmar la maraña inmanejable de subsidios implementada durante su gobierno y el de su marido, que pone en jaque el equilibrio del gasto público? ¿Quién puede limitar el inconcebible poder que  otorgó a gremios y sindicalistas para asegurar la lealtad a una alianza de poder muy alejada de la salud republicana? También podemos pedirle que devuelva la seguridad ciudadana que desapareció afectada por actitudes progresistas y abolicionistas que vinieron de la mano del Frente para la Victoria y se recuperen estándares mínimos de capacidad de defensa que se han perdido y olvidado. ¿Y porqué dejar de lado la esperanza de que el aparato de castigo unilateral a los militares que combatieron a los terroristas que asolaron el país en la década del setenta, montado a partir de leyes retroactivas y otras aberraciones jurídicas, deje lugar a una política de verdadera justicia  y armonía nacional?

 

Creemos que la señora presidente debería encarar tan pronto regrese a la actividad, estas y otras urgentes cuestiones que años de políticas equivocadas han creado en el país. La duda es si querrá y si podrá. Algunos grandes e inesperados sucesos nos han sorprendido y nos dan esperanzas. Este año la justicia descubrió las defraudaciones acaecidas en las construcciones encaradas por  la Fundación Madres de Plaza de Mayo, que parecían intocables, aunque solo se señale al señor Schoklender  y se deje de lado la responsabilidad de Hebe de Bonafini. Pero es un gran avance. También asistimos al reconocimiento de la señora Estela Carlotto, titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, de que el caso de los hijos adoptados de la señora Herrera de Noble había sido resuelto por ley. Tardó años y costó mucho sufrimiento de personas inocentes pero al fin se llegó a la verdad. ¿Porqué entonces no podemos mantener la esperanza de que con la llegada de un nuevo año no llegará también una ola de justicia para todos y un cese de la persecución a los medios independientes, a Papel Prensa y a los periodistas críticos al modelo.

¿Porqué no esperar que el Congreso se avenga a debatir los proyectos de ley que se presenten y a eliminar las amenazas que se ciernen sobre empresarios, medios y opositores en general? Tenemos derecho a la esperanza pero tenemos también la seria responsabilidad de trabajar para que esas cuestiones que la Argentina necesita no queden libradas a la buena voluntad o al capricho de un gobierno que parece sordo y cerrado haciendo oír la voz ciudadana con firmeza  y valor.

En el 2012 que hoy comienza prometemos esforzarnos para que una nueva unión ciudadana nos abra el camino de la esperanza en un futuro mejor.

Un abrazo para todos y feliz 2012.

 

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana

www.nuevaunionciudadana.org

 

 

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